JOSÉ MÉNDEZ
La última vez que el diablo burló a la Santísima Trinidad danzó toda la noche en los barbechos del pueblo, luego vino la sequía y la mitad tiraron pal gabacho. El olor a azufre todavía le provocaba sarpullido a Don Crescencio cada vez que se lo recordaba a Juan Ramón. Aquí ya no hay lugar para nosotros, Don Chencho. Quiero arrancar pal norte a ganar puro billete verde. Sacar del tejaban a mi jefa y hacerle su casota como siempre la ha pedido.
Sonaron los primeros cuetes de la fiesta a San Benito. Hoy no quiso salir del pueblo, cuentan que sudaba a chorros, que quienes lo cargaba sentían lo brazos pesados y lo pies enterrados en el suelo. Así lo dijo Carmelita mientras ponía el nixtamal. Yo no le sé pedir a San Benito, porque cuando lo del Jacinto quedé embarazada y por mucho que le recé no’ más me quedó la panzota y mi madre me echó con un bolsa de garras. Ahora este cabrón me tiene con el Jesús en la boca. Apóstol gloriosísimo de Nuestro Señor Jesucristo, aclamado por los fieles con el dulce título de ABOGADO DE LOS CASOS DESESPERADOS, hazme sentir tu poderosa intercesión aliviando la gravísima necesidad en que me encuentro… Dicen que San Judas es el santo de los casos imposibles, por eso ando entrada en la oración, y le ando haciendo sus tamales pa’ que vea que doy por él. Pero se lo dije bien clarito, que buscas allá si tienes trabajo con Don Chencho, aunque sea poco, bien que sacas a pasear a la Jenny y todavía te alcanza para emborracharte con el desquiciado de Gabino. Ya son quince días que dejaron Sierra Alta y ni una llamada nos han echado, yo todo el tiempo estoy con la oreja bien parada, pa’ saber qué se dice de los otros con los que se fue mi Juan Ramón, desde que nació puras penas me ha traído, pero aquí juntito, sabiendo que le traigo rienda. Por el estrecho parentesco que te hace primo hermano de Nuestro Señor Jesucristo, por las privaciones y fatigas que por Él sufriste, por el heroico martirio que aceptaste gustoso por su amor, por la promesa que el divino Salvador…Ya te prendí tus veladoras San Juditas, ya las manos las tengo hinchadas de tanto tamal que te he prometido.
Cuando regrese vendré bien forrado, Don Chencho, hasta le voy a traer su camioneta para que jale esa traila que tiene arrumbada y no les ande pidiendo el favor a los apretados de los Rodríguez. Ya verá que estaré irreconocible.
Hoy volvieron la mitad con que se fue y están todos trasijados. No hay quebrada, Carmelita, esos güeros nos patearon hasta el culo, los que pudieron, pintaron brecha pal desierto, yo nada más vi que apretaba los dientes Juan Ramón pero no dejaba de correr, ojalá ya esté del otro lado. Gabino se secó las lágrimas en su hombro al abrazarla.
La luz cayó detrás de la loma donde Gabino se apeñuscaba de Juan Ramón. Por ahí se escuchan ruidos, Moncho, mejor hay que regresarnos con los que van al otro sentido. Nada de eso, Gabino, esos cabrones que van allá delante traen buena feria, ahora que el coyote nos dejó tirados, yo no me voy a regresar con las manos vacías.
Juan Ramón les sorprendió por la espalda a dos, con una piedra en la nunca los dejó sembrados. El que iba haciendo punta dio un giro y ya traía un cuchillo en la mano. Gabino se hizo del morral que guarda lo prometido, el dinero malhabido trae la desgracia, recordó a su abuelo cuando le arrebató los centavos que había ganado en la apuesta de los gallos.
Primera cuchillada el miedo se funde con el aire paso hacia atrás pie derecho palanca para volver al frente, mano izquierda Juan Ramón intenta desarmarlo herida en los dedos gotas se coagulan al mezclarse con las piedras, vuelve a la tirada la punta hace corte transversal en la barriga los borbotones caen a chorros huele azufre el diablo comienza su danza, las manos cubren el abdomen una reverencia ofrece la yugular el filo entra suave atraviesa el cuello como un rayo que injuria un dinero malhabido. Juan Ramón cae agitado, el cielo se nubla, en los ojos Carmelita prende otra veladora, Dios de las misericordias y de su Madre Santísima la gracia que con ilimitada confianza te pido a Ti, el polvo en la frente es una sepultura que desmitifica a un santo. En la oscuridad, Gabino aprieta los dientes y sus pasos, de a poco, son menos en el desierto.
Pa su mecha… La tragedia mexicana con todos sus elementos literarios…