DANIEL MARTÍNEZ
Efraín y David Huerta, poetas mexicanos padre e hijo, tuvieron una curiosa y no tan conocida relación con el escritor cubano José Lezama Lima, el “Lince de Trocadero” ―como le decía David―. El Padre, Efraín, nació en 1914 (el mismo año de José Revueltas, Octavio Paz y Julio Cortázar), apenas cuatro años después que el cubano, y entabló con este una amistad de la que se tiene poca noticia. David, el hijo, da testimonio por experiencia propia y por la correspondencia que se conserva y, a su vez, desarrolló una gran admiración por la poesía del “Peregrino inmóvil”, José Lezama Lima. El testimonio lo podemos encontrar en el libro Banquete de imágenes en el centenario de Lezama Lima, libro editado por el Colegio de México en 2010.
Podría pensarse ―dice David― que es una curiosa amistad: “Huerta, comunista viajero y poeta de la ciudad, amigo de Lezama, poeta ultrabarroco, católico y sedentario”. Pero quizá no tanto: el activismo de Efraín lo llevó más de una vez a visitar su querida y socialista Cuba, mientras Lezama prácticamente nunca salió de la isla. Ambos simpatizantes de la Revolución: Lezama en los primeros años, luego poco a poco fue víctima de ella incluso hasta después de muerto; Efraín, simpatizante hasta quién sabe cuándo. El poeta mexicano visitó, entonces, en más de una ocasión la célebre dirección de Trocadero 162, bajos, donde Lezama lo recibía, sumido en su sillón y con puro en mano, para hablar de simpatías poéticas y barroquismos.

José Lezama Lima (extraída de https://biblioteca-virtual.fandom.com/)
La poesía de Lezama (y la obra en general), hermética y fascinante, hiperbarroca (un barroquismo tropical, podría decirse) y abundante, complicada (“sólo lo difícil es estimulante”, dijo él mismo), laberíntica e hipnótica; extraña y atrayente, oscura y enigmática a veces, es capaz de producir una indescriptible fascinación en sus lectores y admiradores (me incluyo entre ellos) y tocar zonas inexploradas y profundísimas de la psique con esa heteróclita asociación conceptual y verbal de la que hace uso, creando imágenes inusitadas que producen una extraña impresión. Como cuando dice, por ejemplo:
Una oscura pradera me convida,
sus manteles estables y ceñidos,
giran en mí, en mi balcón se aduermen.
Dominan su extensión, su indefinida
cúpula de alabastro se recrea.
Al mismo tiempo ha sido motivo de no pocos estudios académicos, tanto más laberínticos y rebuscados (y eso que él mismo dijo que no quería que su obra se volviera “pasto de profesores”). Experimentarla y descifrarla es a la vez un reto y un deleite. Hay que añadir además que es uno de esos raros casos en que un escritor logra ser al mismo tiempo un enorme poeta, narrador y ensayista: construyó una vasta y brillante obra poética, escribió una de las novelas más importantes de la narrativa hispanoamericana del siglo XX (Paradiso) y practicó el ensayo y la crítica con genio y agudeza.

Efraín Huerta (extraída de https://tv.buap.mx/)
La admiración de David Huerta por Lezama no es, pues, una excepción y no es para menos. Desde que era muy joven y un poeta novel, le surgió por intercesión de su padre y se mantuvo hasta bien entrada su madurez. En Incurable, monumental poema-libro, poema de largo aliento y a la vez libro dividido en nueve capítulos, inagotable torrente verbal y quizá el último gran poema largo de la literatura mexicana, encontramos, aquí y allá, varios guiños, homenajes, alusiones indirectas (oblicuas, diría Lezama) o directas y apasionadas al poeta de Trocadero. Recientemente lo he leído y localicé varias de ellas, algunas no tan evidentes. Quisiera compartir algunos fragmentos donde vienen incluidas.
…abro en mí surcos evidentes, cuevas enjoyadas, exigencias de
árida espeleología en la horadada montaña de mi espíritu,
todo un vacío adornado con arcos invisibles de Viñales… (p. 16. Refiere al poema “El arco invisible de viñales”)
…El mar está en el ojo del cuervo sobreviviente,
la lluvia es un dios deshecho, un deseo que despierta ―el ojo
del ciervo rodea a la persona, flecha en el círculo de la presencia
su “cantidad hechizada”. (Alude a un concepto inventado por Lezama y el nombre de un libro de ensayos, p. 44)
El asma de José Lezama Lima es el instrumento palaciego de la
Imagen arraigada en la respiración (p. 80)
Estados tenues o vivencias oblicuas, lo que yo dije no te convencía y
cuando mencioné a Lezama Lima ―ogro fascinado―
frunciste el ceño fantasmalmente, ghostly
(…)
Chino, inglés, adverbios, “vivencias oblicuas”, Borges, Lezama Lima (p. 53. La “vivencia oblicua” es otro de los conceptos creados por el cubano)
…queriendo abrazar en la voz de Lezama
a ese idioma que nos decía todas las cosas y algunas más? (p.175)
…Hasta que toqué el
muro y se desprendió el tokonoma y recordé
a Lezama, el Pabellón de la Vacuidad y los Retrocederes (p. 196. El “tokonoma” hace alusión al poema “El pabellón del vacío” que se encuentra en su último libro de poesía, Fragmentos a su imán)
“La boca del buey como pozo”, ha exclamado Lezama, y
su escritura exclamativa nos muestra la figura de un ídolo
quebrándose en el guiso de pasiones no tristes (p. 235)
Mulo abismado, “su misión no siente”. Ojiva recia
donde los ojos incurables, la canción incendiada
que quemaba mis labios. El no sé me ponía en la fila de los
incurables y de los Ignorantes (p. 238. Hace alusión al poema “Rapsodia para el mulo”, de su libro de poemas Dador)
La casa está situada en la contraria soledad; la adversa, la fértil soledad.
“Peregrinaje inmóvil”, signo develado en medio de los himnos inexistentes (p. 305, en referencia al conocido sobrenombre de “Peregrino inmóvil”)
(Este hablar o escribir entre paréntesis, emparedado como en el
cuento de Poe; ese estar
a ráfagas, fundando reinos, tirado en la cama, deseando pistolas,
cebollas, versos de Lezama, pechos suaves… (p. 313)
“Narciso, Narciso”, pronuncia el arúspice en medio de la solar
devastación de la Calle Trocadero,
entre la puntuación del asma ornamental (p. 364. Cita del poema “Muerte de Narciso”, menciones de la legendaria dirección de la casa del poeta cubano y el asma que padecía, la cual lo hacía emplear la puntuación de una forma inusual)
El aliento de un amor cósmico, de
una grandiosa retórica de constelaciones y altas nubes doradas,
nos pasó por el rostro ―suprema caricia de la
sobrenaturaleza (p. 379. Mención de uno más de los conceptos ideados por Lezama, que son parte de su sistema poético)
Como puede verse y a reserva de que se me hayan pasado algunas (seguramente sí), son bastantes referencias a la obra de José Lezama Lima: excepto el segundo, al menos una mención por capítulo. Se nota la devoción por “el sabio de Trocadero” y la influencia también se evidencia en varios pasajes del libro de David Huerta. He sabido que es uno de los autores que más recomendaba y, como decía más arriba, no es para menos. Hasta la próxima.

David Huerta /extraída de X: @cultura_mx)