ÓSCAR ÉDGAR LÓPEZ
Era mi turno para lanzarme en picada desde la cima de un montón de arena para la construcción, di el salto y allá fui: rodando como un risco desprendido de la peña, caí y ya iba de nuevo para arriba cuando noté que mis amigos y mi hermano habían formado un semicírculo en torno a un señor con gafas de pasta que desplegaba unas cajas con vidrios para proteger su variada y nutrida colección de borradores, los había de todos los tipos: de Los Simpson, de El Hombre Araña, con forma de pingüino, fosforescentes, de migajón, amarillos, negros, en forma de auto, de galleta; aquella fue la primera colección que conocí, aprecié y envidié.
Después vinieron las visitas a los museos de Zacatecas, el Rafael Coronel y sus máscaras, el Pedro Coronel y sus Goyas, sus Picasso y Rouault, el Felguérez y sus murales de Osaka. Pero también la colección de ex libris de Emilio Carrasco, “El bosque de la utopía”, la gigantesca fonoteca de Manuel Denna, que era un lujo visitar y escuchar, la muy enorme colección de muñecas de la señora Concepción Medina García, que pude apreciar de forma personal y casi privada en una visita que de niño hice en su casa (luego les cuento por qué si me invitan una caña de cerveza) y otras colecciones particulares de libros, arte, discos, juguetes, trajes típicos, llaveros, filatelia, calzones de amantes, cochecillos Hot Wheels, fanzines y revistas, herramientas viejas de carpintería, gorriones y aves canoras, parafernalia felina y gatos, peluches, fotos de desconocidos, juguetes sexuales, picos de piñatas, camisetas deportivas, cassets gruperos, películas en diversos formatos de la cinta super 8 al Blue Ray , pines, guitarras, sellos de goma, postales, crucifijos, tazas, vinos…
El coleccionismo ya se menciona en textos de la época del Imperio Romano y sabemos que en el Renacimiento fue elevado a categoría artística, el mecenazgo permitió consolidar la práctica artística como oficio y profesión; otro loco del coleccionismo fue ese personaje entre la realidad y la ficción: Don Quijote. En el texto Desembalo mi biblioteca/ El arte de coleccionar, Walter Benjamin aborda la bibliófila y destaca algo valioso para todo coleccionista: el conjunto de piezas no suprime el valor de la pieza única, al contrario, lo fortalece y lo aviva y todos los detalles del cómo, por qué y cuándo llega a la colección son parte inseparable del objeto preciado y amor que se le profesa a ese objeto particular. No es lo mismo, aunque lo parezca, el coleccionista que el afectado por el síndrome de Diógenes, pues el primero hace de la acumulación un estilo de vida excéntrico, celebra la existencia de las cosas y el segundo soporta la vida únicamente dilapidado en el marasmo de basura.
El coleccionista es agente cultural de la comunidad, preserva y documenta una época, la hace asequible al iniciado y al neófito. Considero que todos quienes disfrutamos las manifestaciones artísticas estamos obligados a ejercer el coleccionismo en la medida que nuestras posibilidades económicas nos lo permitan, debemos consumir el arte, las ediciones y las producciones artísticas de los vecinos y contemporáneos, sólo así podremos generar y fortalecer la industria cultural; de esta manera, además, es posible la formación de nuevos públicos que sustenten las prácticas culturales democráticas.
Comparto con ustedes una pieza de mi colección de arte, se trata de un grabado al aguafuerte y aguatinta de la artista italiana Elena Molena Castel Sant Angelo. En esta pieza apreciamos el dominio de la técnica en el grabado en metal de forma tradicional, el tema es, como en muchas de las obras de la artista, un motivo urbano, pero no lo representa de forma naturalista, más bien es un ejercicio de mnemotecnia o un suspiro de la memoria o una inmersión onírica para quienes no conocemos el paisaje en persona; Molena despliega una fluida gama de líneas y de tonos grises, los detalles como diminutas manchas me hacen pensar en una película antigua, además podemos ver lo que parece ser el puente homónimo en perspectiva lineal y sólo sugerido con una línea muy fina, la obra me hace pensar en los lugares que uno visita una vez en la vida y con el paso del tiempo se van desdibujando o redibujando en la memoria.
Ahí nos vemos pues, échense un shot y compren arte.

Título: Castel Sant Angelo
Técnica: Grabado a la aguatinta y aguafuerte
Instagram: @elenamolena74