DANIELA ALBARRÁN
En una charla reciente con mi mejor amiga sobre el uso que le damos a la inteligencia artificial —y tras confesarle que ya no recuerdo cómo es trabajar sin ella—, me compartió un conflicto ético que la inquieta: el alto precio ambiental de esta tecnología. Su preocupación es que nos quedaremos sin agua. Y no le falta razón; todos hemos visto las noticias sobre el consumo desmedido de este recurso cada vez que realizamos una consulta a una IA, pues el líquido «se utiliza para enfriar los centros de datos que entrenan y operan los algoritmos»1.
Ante su acotación, la verdad es que enmudecí. Sé que el costo ecológico es alarmante y, en ese momento, no supe qué responder.
Sin embargo, por estos días leo el increíble ensayo El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Aunque la autora no menciona la inteligencia artificial, su recorrido por la historia del libro me ofreció un panorama crucial para esta conversación: «Un gran manuscrito podía causar la muerte de un rebaño entero»2.
Esa sentencia precede a una exquisita explicación sobre cómo se elaboraban los libros antes de la imprenta. Los escribas, figuras intelectuales cuya importancia política sólo estaba por detrás del rey, copiaban los textos de manera artesanal sobre pergaminos hechos de piel. Entre más lujoso el ejemplar, más delicado el material: las codiciadas vitelas, según nos cuenta Irene, procedían de las pieles de crías o embriones abortados.
Vallejo nos recuerda que si hoy podemos leer los textos rescatados de la antigüedad es porque muchos animales murieron para perpetuarlos. Cada poema antiguo sobrevivió gracias a la violencia de ese sacrificio. El costo ambiental de reproducir aquellos libros fue altísimo; de hecho, la autora señala que, en la actualidad, no habría animales suficientes para sostener nuestro consumo literario, si no existiera la imprenta.
No viví en esa época, pero creo que cada era conlleva un «peaje» ambiental por su progreso. No digo que esté bien; ojalá las palabras que hoy leemos, escritas hace siglos, no hubieran permanecido a costa de la sangre de miles de seres vivos. Y ojalá que el aprendizaje diario que nos facilita la IA no tuviera que pagarse con agua y recursos naturales.
Sé que ésta es una discusión controversial y que probablemente nunca termine, pero quisiera cerrar con esa sentencia bella y terrible que nos regala Irene: «Preferimos ignorar que el progreso y la belleza incluyen dolor y violencia».
Referencias
1 Camastra, F. D., & Vallejo, R. G. (2025). Inteligencia artificial, sostenibilidad e impacto ambiental. Un estudio narrativo y bibliométrico. Región Científica, 4(1), 1.
2 Vallejo, Irene. (2024) El infinito en un junco. Siruela. Ciudad de México.

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