MARÍA DE LOS ÁNGELES MORENO PADILLA
En el corazón de Zacatecas, la Fototeca Pedro Valtierra se convirtió en un espacio donde la percepción trasciende la vista. El taller «El Laberinto del Cuarto Oscuro», dirigido por el maestro Miguel Ángel León Alvarado, demostró que la fotografía no depende únicamente de los ojos, sino de la sensibilidad, la memoria, el sonido, el espacio y, sobre todo, del deseo de crear.
“La fotografía no es sólo para quienes ven, sino para quienes tienen algo que decir”, afirma León, un artista que perdió la vista en 1986 y que ha transformado su experiencia en una lección de creatividad y superación. Durante las sesiones, las y los participantes exploraron técnicas de retrato, autorretrato y pintar con luz, aprendiendo a usar la cámara desde el tacto y el oído, descubriendo formas únicas de expresar su visión del mundo.
El maestro León recuerda con entusiasmo el taller en Zacatecas: “Fue una experiencia fantástica, maravillosa, hermosa… nos conectamos espiritual y sentimentalmente. Las salidas a la Alameda y al museo fueron increíbles; tocar las piezas, sentir texturas y figuras, conocer el museo de una manera que muchos no pueden… fue un aprendizaje profundo y emotivo”.
Junto a él, Alejandro Uribe, artista transdisciplinar, ha acompañado estos procesos durante años. Uribe subraya que el proyecto no sólo enseña fotografía, sino que construye comunidad: “Lo que comenzó como un espacio pedagógico se ha convertido en una comunidad afectiva de aprendizaje compartido, donde las nociones de ver, mirar y representar son continuamente replanteadas”.
Para las y los participantes con discapacidad visual, la experiencia fue una revelación. Johana Méndez expresó: “Para mí este taller significó mucho más que aprender sobre fotografía. Descubrí que la cámara no sólo captura imágenes, también puede capturar emociones y sentidos. Me voy con la certeza de que la fotografía no es exclusiva de la vista, sino un arte que también nace de la imaginación y la sensibilidad”.
José Esteban Valdez compartió: “Fue una experiencia maravillosa en la que volví a percibir y entender la fotografía. Las descripciones de mis compañeros y la creación de distintas tomas según mi perspectiva me hicieron sentir fascinado.”.
Justin Sánchez, un joven con sordo-ceguera, vivió el taller como un descubrimiento profundo: “Ha sido una experiencia nueva que creía que nunca experimentaría, porque todo parecía estar enfocado en lo visual. Pero aquí aprendimos que la fotografía es mucho más que apuntar y capturar imágenes. Aprendimos a conocer el espacio, al modelo, y a sentir cómo queremos que el resultado final se perciba. Cada toma se convirtió en una oportunidad de experimentar, de imaginar y de expresar lo que sentimos. Me siento orgulloso de lo aprendido y sé que esta experiencia quedará grabada en mí para siempre”.
El «Laberinto del Cuarto Oscuro» demuestra que mirar es mucho más que ver: es sentir, imaginar y conectarse con las y los demás. En Zacatecas, la fotografía abrió caminos insospechados para quienes se atreven a mirar con otros sentidos, recordándonos que la creatividad no tiene límites y que la verdadera visión nace del corazón.

Fotografía: Cortesía