Mujer/reguetón= estigma
DANIELA ALBARRÁN
Si tuviera que elegir el tema de Perreo, una revolución sería la reivindicación de la mujer dentro de la música urbana; sin embargo, esa afirmación me parece reduccionista para todo lo que abarca el texto. Creo que el motivo sí es el papel de la mujer dentro de la lírica del reguetón; Cazzu se pregunta si este género musical —estigmatizado y frecuentemente conocido como violento y misógino— realmente agrede a las mujeres: “¿Realmente sus canciones eran tan violentas como para que se las comparara con golpear a una mujer?”, plantea.
Aquí me gustaría hacer un paréntesis sobre el estigma del reguetón. Hace poco escuché en una estación de radio que tiene una línea editorial muy cuestionable, clasista y racista, a alguien que le daba pena admitir que escuchaba música urbana y creo que todos hemos estado de cierta manera en ese lugar. Esto hace sentido con lo que Cazzu señala sobre por qué el género le resulta “vergonzoso” a ciertos sectores.
“El reggaetón incomoda y despierta la cólera en los más conservadores, porque propone otra mujer, una perra desinhibida que controla su cuerpo, sus decisiones y su sexualidad”. (p. 23)
De primera mano, se podría pensar que sí, que el reguetón reduce sus letras al cuerpo y a la sexualidad de la mujer, por lo general narradas desde una voz masculina. Sin embargo, Cazzu propone otra lectura: en estas canciones también hay personajes femeninos que deciden cómo y con quién tener sexo. Desde su perspectiva, estas mujeres son heroínas que incomodan porque ejercen su libertad sexual, algo que desafía al establishment: “piden sexo, les gusta que les den duro y no les importa con quién se irán al final de una noche”. (p. 20)
El Lenguaje
Ya desde el primer párrafo del libro, una queda cautivada por su uso del lenguaje tan prolijo y por la importancia que la autora otorga a la escritura: “la palabra tiene un peso primordial en mi vida. Creo que somos lo que decimos […] en mis canciones escribo mi realidad y la de otras”. (p. 9); me parece loquísimo que un género musical tan estigmatizado esté tan íntimamente ligado al uso de la fonética. Quien escribe sabe lo difícil que es producir un texto que tenga sentido y que, además, suene rico. Quizá, si nos quitáramos el prejuicio de la “alta cultura” (sea lo que sea que signifique), podríamos apreciar lo que señala la argentina: “A veces el lenguaje es tan ilógico que mis neuronas colisionan y quedo recalculando… ¿Por qué el lenguaje siempre se rompe”(p. 34) yo agregaría: ¿por qué el lenguaje siempre nos rompe?
¿Dónde está la misoginia y el machismo?
¿Está en las canciones o en el sistema y la industria musical? Esa parece ser una de las preguntas recurrentes del libro. Cazzu narra experiencias que incluyen no sólo acoso sexual, sino también el estigma de que en el arte es más importante la belleza que el intelecto:
“El arte es arte. Yo intento reflexionar sobre el número de requisitos con los que debemos cumplir nosotras para demostrar que podríamos ser dignas de entrar en carrera, frente a los muy pocos que deben cumplir ellos”.
La afirmación es certera. Conozco a muchas mujeres brillantísimas, con formación académica de primer nivel, justo como Cazzu. En contraste, he visto hombres que no sienten la necesidad de ir más allá de una licenciatura porque a ellos no se les exige comprobar constantemente sus conocimientos: se dan por sentados, incluso si son deficientes.
Feminismo
Cazzu ha declarado en varias ocasiones que su postura política es feminista, y su música y su arte están atravesados por esa visión. En el libro, de manera didáctica, explica que no se trata de una opinión personal (“para mí el feminismo es tal”), sino de un movimiento político y social.
Desde ahí se tiene que ver su postura respecto a algo que a mí, particularmente, me conflictuaba: los espacios separatistas, los premios para mujeres, la literatura escrita por mujeres, etc., que exista categorías exclusivas para mujeres, y Villana Antillano responde este cuestionamiento de manera luminosa: “Tú necesitas la categoría femenina, imagínate si nos meten a todos en una categoría, ¿quiénes piensas que van a ganar? (p. 138)
A pesar de las leyes que promueven la igualdad en ciertos sectores, aún falta mucho tiempo para que exista una igualdad de oportunidades. ¿Quiénes son los que ganan los premios musicales y —aquí añado— los literarios? “Los premios dependen de quién te respalda, cuán importante es tu management, la compañía de la que formas parte dentro de la industria. Y cuán importante sos vos para ellos. (p. 142)
Perreo, una revolución me parece un libro luminoso porque abre discusiones necesarias, aunque estigmatizadas. Es un texto de interés académico, y eso me encanta: irritaría tanto a la academia como a los sectores conservadores. Rompe paradigmas sobre la música urbana, la mujer en el reguetón y lo que representa Cazzu en el sistema musical y, ahora también, literario.
El libro tiene varios epígrafes, entre ellos uno de una de mis canciones favoritas de Rosalía, Sakura; escuchándola a propósito de este libro, quisiera terminar este texto dedicándole a Cazzu un verso de esa canción: “La que sabe, sabe/ que si estoy en esto es para romper/ y si me rompo con esto, pues me romperé/ ¿y qué?
