Hay una respiración común en la penumbra. Un pulso que no asusta, que llama. En él, el arte se ofrece como rito: la imagen, la forma, la herida y el deseo son altares donde la oscuridad se mira al espejo. En su sexta edición, Misa Negra se afirma como un cuerpo colectivo que crece, se expande, se deja habitar por nuevas manos y nuevas miradas.
Desde Zacatecas, el grupo formado por Francisco Rueda, Andrea Vega, Miguel Tovar, Pinchi Necro, Ephie Blossom y Rubí Nevermore ha construido una estética del abismo. En sus muros se cruzan lo erótico, lo blasfemo y lo espiritual, tres llamas que arden al mismo tiempo. Lo oscuro se vuelve una manera de mirar la luz desde otro ángulo, una pregunta que ilumina sin necesidad de respuesta.
Francisco Rueda, fotógrafo y uno de los fundadores, habla con la serenidad de quien ha aprendido a moverse dentro de la sombra. Su voz revela el origen del proyecto: una amistad tejida por afinidades profundas, una voluntad de compartir aquello que vibra en lo oculto. Con el tiempo, esa energía se transformó en apertura.
Las obras van del dibujo a la escultura, de la tinta al píxel, del cuerpo a la plegaria. Cada pieza se levanta como una oración invertida, una forma de decir “aquí estamos” desde los márgenes: en esta edición de Misa Negra resuena un deseo de comunidad.
El espacio se convierte en un territorio donde el arte se atreve a tocar lo indecible, donde la blasfemia se transforma en lenguaje. En cada trazo hay una exploración del cuerpo, la fe, la pérdida y el deseo, un intento de pronunciar lo que la costumbre silencia. En su voz hay promesa y conjuro.
Misa Negra avanza como una llama en la noche: una comunidad que celebra la diferencia, una forma de ofrenda que arde sin miedo. La noche se abre, en su centro arde una llama compartida, y juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero