Los proyectos surgen a partir de las convicciones personales. Pensemos, por ejemplo, en las afinidades e intereses que nos llevan a conocer otras redes de personas. Nuestro algoritmo no miente: el río virtual nos desemboca en pequeñas islas que contienen nuestras búsquedas personales. Las redes sociales nos inunda de publicidades y publicaciones engañosas, pero siempre hay balsas que nos rescatan.
Sin embargo, más allá de consumir lo que se produce en la virtualidad, la ideología nos ayuda a descartar lo que sentimos que no nos aporta. Ahí va un like destinado a la ternura, abrimos páginas web como quien abre puertas y observa adentro de la habitación: algunas son agradables y cálidas, otras están llenas de amarillismo y algunas otras nos muestran la cruda realidad exacerbada por el hambre de vender.
Realizar un proyecto y mantenerlo no es fácil. Se requieren horas que le robamos a la convivencia familiar o al simple descanso. Las dudas de por qué seguir a veces se sientan frente a nosotros, pero luego son desplazadas por palabras de aliento de nuestros fieles amigos. La escritura no es la misma cuando se tiene que cumplir con horarios y fechas de entrega, pero la satisfacción incluso es mayor cuando vemos que, una vez más, nada es urgente.
Esto es lo que nos dice Sac-Nicté Guevara, directora de La Desvelada: nada es urgente, salvo el mantener esa puerta abierta para que las personas encuentren un lugar donde descansar y compartir. La Desvelada nace de esta necesidad de generar espacios porque cuando se buscaron había pocos o nulos, porque la hostilidad es el pan de cada día en los círculos que deberían ser más humanos por la naturaleza del oficio: academia, periodismo y el mundo editorial.
No obstante, quienes llevamos ya un rato navegando entre estos mundos sabemos, como Sac-Nicté, que la violencia sistémica está ahí para los más jóvenes y para las mujeres: sólo servimos de cuota, de ponentes gratuitas cuando se acerca el 8 de Marzo, de engranajes, sin llegar a conformar del todo el sistema.
En estas fechas, en las que las fachadas se pintan de morado y los altos mandos se colocan moñitos en las solapas de los trajes, es importante recordar que las mujeres seguimos resistiendo y que esta lucha sucede todos los días recordar que la resistencia no es un gesto estético ni una campaña temporal: es una práctica cotidiana que se teje en voz baja, en mensajes de madrugada, en recomendaciones compartidas, en abrazos que sostienen cuando el cansancio pesa más que la vocación.
Es importante nombrar a las mujeres no sólo como cifras o como consignas, sino como arquitectas de espacios posibles. Somos quienes abrimos la puerta, quienes dejamos encendida la lámpara, quienes enviamos el enlace y preguntamos: “¿ya comiste?”, “¿cómo vas con ese texto?”, “aquí estoy”. En medio de estructuras que nos prefieren aisladas y competitivas, las redes de apoyo son un acto político: nos recuerdan que no estamos solas y que no tenemos que demostrar, todo el tiempo, que merecemos estar.
Proyectos como La Desvelada no son únicamente plataformas culturales: son refugios. Son la prueba de que cuando una mujer decide crear, convoca; cuando una resiste, inspira; cuando una sostiene, multiplica. Y en esa multiplicación ocurre algo poderoso: dejamos de ser cuota para convertirnos en comunidad.
Porque si algo es urgente —aunque digamos que nada lo es— es seguir tejiendo estas redes donde la palabra no hiere, sino acompaña. Donde la crítica no aplasta, sino impulsa. Donde la ambición no excluye, sino invita.
En tiempos de ruido y simulacro, la verdadera resistencia es esta: construir juntas, cuidarnos, nombrarnos y no soltar la puerta que otras abrieron antes para que hoy podamos entrar. No lo olviden, queridas lectoras y estimados lectores, juntos ¡incendiamos la cultura!
Karen Salazar Mar
Directora de El Mechero