DANIELA ALBARRÁN
Sucedió. Vi un video en TikTok de un loro al que le estaban enseñando a andar en una especie de bicicleta. Después de varios intentos, lo logró. Me metí a los comentarios, como suelo hacer cada vez que veo un video que me gusta o me parece chistoso, un poco para abonar a la conversación. Cuál fue mi sorpresa: los comentarios estaban repletos de personas diciendo que el video había sido hecho con IA, y uno de ellos decía: «Temo el día en que no pueda distinguir lo que está hecho con IA y lo que es real».
Bueno, respondiendo a ese comentario, y frente a mi momentáneo asombro, creo que ese día ya ha llegado, o estamos a punto de que llegue. Esto, tomando en cuenta que OpenAI va a lanzar su red social SORA (que, hasta el momento, hace videos de 3 segundos completamente alucinantes), y cuyo contenido estará totalmente generado por IA.
Frente a este escenario, que en un principio me pareció lleno de incertidumbre, lo único que puedo hacer es ver la IA como una ficción, y desde ahí, creo que vamos a tener que convivir con ella. ¿A qué me refiero? Cuando leemos una novela o vemos una película, realizamos un pacto de verosimilitud que nos permite, como espectadores o lectores, «creer» todo lo que vemos o leemos. Pienso en Los mundos posibles de Dolezel, y recordemos un poco nuestras clases de literatura; la premisa del filósofo es olvidarnos un poco de la idea aristotélica de que la literatura es una mímesis, y verla más bien como una creadora de mundos. ¡Bingo!
Hacia allá voy. Considero que el desarrollo de la IA nos exige un cambio radical de perspectiva. Si pensamos que la IA es una ficción, entonces también necesariamente será una creadora de mundos. Así como vivimos y convivimos con la ficción, también podemos y debemos convivir con la IA. No desde un lugar donde nos cuestionemos: «¿Esto está hecho con IA?» Esto nos permitirá ver la IA en sus propios términos, y no desde los nuestros, donde somos quienes juzgamos si es realidad o IA.
Si pensamos desde esa perspectiva, el juego se vuelve más interesante. La IA no sería una simple copia de la realidad. ¿A quién le importa, en ese sentido, que nos dé imágenes de personas con dos manos (por cierto, la IA ya puede crear imágenes hiperrealistas)? La IA sería un mundo completo, con sus propias leyes, y nosotros, como seres humanos que estamos recién entrando, descubriendo y, en muchos casos, juzgando la IA, podemos liberarnos del ancla de estar constantemente separando la realidad de la IA. Así como la ficción se libera de la tiranía del realismo gracias a los «mundos posibles», nosotros nos liberamos del malestar que nos provoca la IA.
La Inteligencia Artificial es una construcción semiótica (hablo de lenguaje, y no del sistema que lo compone), y desde esa construcción, seremos nosotros quienes dirigimos los procesos mediante los cuales la IA va a significar algo para nosotros. Y si vamos más allá, la IA cambia los juegos del significado y el significante de Saussure, pues todo lo que conocemos como significado (la parte inmaterial) puede transformarse. Todas las imágenes mentales que tenemos pueden ir cambiando gracias a la IA. Un ejemplo: hoy en día, nuestra representación mental de TikTok son personas creando contenido digital para nuestro consumo. En el futuro, esa representación será de personas hechas con IA creando contenido digital para nuestro consumo. Así, nuestros referentes tendrán que cambiar con el tiempo, empezando por nuestra noción de persona y de realidad.
El desarrollo de la IA está siendo vertiginoso y acelerado. Es nuestro deber, como creadores de conocimiento, tratar de desentrañarla desde el sentido crítico y filosófico que se requiere.

Imagen: Freepik