CARLOS FLORES
La novela policiaca tiene muchos rostros, desde las historias de vaqueros en el siglo XIX, donde los personajes, rudos como el ambiente en que estaban insertados, tenían que descubrir quién había cometido un crimen y cómo es que se había perpetuado; detectives que tienen que descubrir cómo es que fueron asesinadas dos mujeres encerradas en un cuarto en el cual era imposible que alguien pudiera entrar y, peor aún, haber arrebatado la vida de esas desdichadas mujeres de esa manera tan grotesca casi diabólica; o bien, descifrar cómo es que un fantasmagórico perro aparece en las inmediaciones de la casa de una familia aquejada por una maldición generacional.
Un gran número de investigadores con diferentes oficios o distintas afinidades han pasado por las páginas de la literatura con la única finalidad de resolver casos aparentemente sin conexión: sacerdotes, gigantes, niñas de once años, maestros orientales del disfraz, agentes de seguros, empleados de banco, magos, viejecitas aparentemente inofensivas, sujetos con actitudes maniacas o extrañas, anticuarios de libros y muchos más, algunos por pasión y otros que se ven obligados por las circunstancias.
Sin duda, la novela detectivesca, con sus detectives altamente deductivos y observadores se vuelve fascinante por la forma en que se van siguiendo las pistas y en el cómo se desenmascara al final de las historias a los perpetuadores de algún acto criminal, poniendo sobre la mesa cosas tan obvias que sólo un maestro observador puede interpretar y conectar. Algunos detectives son más famosos en esta línea. Sin duda alguna, el personaje de Poe, Auguste Dupin que resuelve el doble asesinato en “Los crímenes de la calle Morgue”, destapa la posibilidad de crear literatura alrededor de la resolución de misterios y que inspiraría probablemente la creación de otro sabueso sumamente inteligente y con un talento deductivo y sin precedentes: Sherlock Holmes, extravagante detective aficionado a la ciencia y a las drogas con fines policiacos.
Otra vertiente de estas novelas es lo que llamarían los norteamericanos el Hard Boiled, la novela negra que heredaría las tramas de las novelas de vaqueros o western, con detectives solitarios y moral ambigua, con violencia explicita, crítica social, una ética al margen que revela lo podrido del sistema y una visión desencantada del mundo. Sus exponentes más poderosos son Dashiell Hammett, con su detective, agente de la Continental (aseguradora), que resuelve el caso exponiendo, mediante un plan brillante, la corrupción y podredumbre de una ciudad norteamericana; y Raymond Chandler, con su detective, Phillip Marlowe, prototipo del héroe solitario, frío, cínico y hastiado del mundo.
Surge en estos tiempos una nueva vertiente que, aunque ha sido muy criticada por los amantes del género policiaco, resulta interesante y novedosa, porque al detective clásico del Hard Boiled se le suma un nuevo componente: lo sobrenatural. Una de las primeras novelas que me llamó la atención por su magistral composición y con su poderoso final fue El club Dumas de Pérez Reverte, que pone a su personaje, no un detective sino un anticuario de libros en un ambiente rodeado de satanismo, literatura esotérica y oculta.
Uno de los detectives contemporáneos que también se ve rodeado de aspectos sobrenaturales mientras resuelve crímenes asociados con el racismo norteamericano, gánsteres y psicópatas es el creado por John Connolly, Charlie Parker, desplegado en una saga de más de veinte novelas el detective se va desarrollando a lo largo de sus distintas aventuras que muestra al lector una evolución enigmática al no saber si el personaje está perdiendo la cabeza o realmente se encuentra ante eventos sobrenaturales.
Lo mejor del asunto es que este ejercicio de lo sobrenatural no llega a ser tal para que destruya la novela policial convirtiéndola en una novela fantástica, sino que es tan sutil su implementación y tan fuerte la narrativa de Connolly, que el lector quisiera saber más, por lo que es necesario leer la siguiente novela, algo así como esa sensación de ver de reojo una sombra rondando por la casa.
Es esta combinación del género noir con el Hard Boiled en una evolución de la novela policiaca, detestada por muchos y bien recibida por otros, no por introducir seres extraños en la trama deja de tener esa potencialidad de la novela policiaca que atrapa. La primera novela de Connolly, altamente recomendable, Todo lo que muere, nos muestra un policía que descubre los cadáveres de su hija y su mujer luego de regresar del bar, lo que lo convertirá en un ser atormentado por la culpa y obsesionado con descubrir al asesino; en este caso como en el resto del género, probablemente, el posible lector querrá incluso seguir con las sagas para quizás comprender qué demonios es lo que está pasando.
