DANIELA ALBARRÁN
Ahora que está tan de moda el término “tradwife” con el auge de la extrema derecha, quisiera traer a la conversación un libro que me parece un fiel retrato de la trampa de la tradwife estadounidense de los años 50s con una estética que bien parecería la de Ballerina Farm, aunque sin tanto presupuesto.
Primero quisiera decir que Patricia Highsmith es conocida mayormente por ser una maestra de la novela negra, sin embargo, el libro del que hoy les voy a hablar El diario de Edith es la prueba de que no solo fue prolífica en ese género.
En síntesis, la trama nos acerca a una mujer que bordea los cincuenta años y que parece tener el ideal completo de la felicidad clasemediera: un marido, un hijo y una hermosa casa. No obstante, ese escenario idílico comienza a desmoronarse cuando Brett, su esposo, decide dejarla por una mujer mucho más joven. Es a partir de ese quiebre cuando Edith se confronta con el espejo y advierte que su vida nunca ha sido lo que realmente habría deseado.
En primer lugar, Edith tiene un hijo que es un completo inútil, tiene veintitantos años, no se ha ido de la casa de sus padres y tampoco tienen intención de estudiar, tener pareja o encontrar un trabajo con el que aportar algo a la casa materna. Cliffie es el gran representante de una generación de hombres que no mueven ni siquiera un plato porque están acostumbrados a que alguna mujer lo haga por ellos. Edith y Brett sienten que fracasaron como padres al haber procreado a ese personaje que pareciera, no tiene ningun objetivo de vida.
Por su parte, Brett, el esposo de Edith, es un caso muy aparte. Aparentemente es un “hombre hecho y derecho” en los términos clasemedieros de los años cincuenta en Estados Unidos. Es decir, se hace cargo económicamente de su familia, es reportero en una época en la que los periódicos eran buenos lugares de trabajos e incluso, junto con Edith forman el Bugle, un periódico local de izquierda. Sin embargo, Brett un día decide pedirle el divorcio a Edith porque quiere casarse con su secretaria. Brett también representa a toda esa generación de hombres que deciden dejar a sus esposas por mujeres más jóvenes.
Sin embargo, creo que el personaje más interesante es Edith porque a lo largo de la novela nos va a desentrañar cómo se va a desmoronando al darse cuenta que su vida no es una vida que ella quiere, que incluso siente tanta rabia e insatisfacción frente a su existencia al darse cuenta que ha sido víctima de su hijo, de su esposo y de George, el anciano tío de su marido, a quien ella lo cuida durante 13 años, sin recibir ni siquiera un gracias a cambio; Edith con el paso del tiempo se va quedando sola, sin amigos, sin familia, y comienza a escribir un diario para soportar el peso de su existencia. Y, en este diario, Edith creará la vida que en realidad le hubiera gustado.
El diario de Edith nos muestra que la vida campirana de las mujeres de los años 50s en Estados Unidos no solo es estar en casa atendiendo a los hijos o el marido, pues Edith se caracteriza por tener ideales políticos progresistas, apoya el aborto, el control prenatal, y sobretodo es el ejemplo lo que logra tener un cuarto propio para escribir aunque el mundo la tache de loca y extremista.
Pero también es el claro ejemplo de que el ser una esposa sumisa, con pocas posibilidades de crecimiento económico propio, al final, son una trama. Edith le dedicó casi toda su vida a su familia, cuidando un esposo, un hijo, y un enfermo, que al final, solo le quitaron gran parte de su vida, y me parece fundamental traer este libro a colación, porque Edith asume el paquete completo de la esposa tradicional, y a su vez, desmitifica esta fantasía al mostrar que el espacio doméstico para nada se parece a la esteticidad y tranquilidad que abunda en tiktok, y que la tradwife históricamente, es un trabajo de cuidados no remunerado, y que en ocasiones, puede resultar mucho más caro que el estrés laboral de un trabajo de oficina.
El Diario de Edith es un libro hermoso que de verdad de verdad no se van a arrepentir de leerlo si le dan una oportunidad.
