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Si hiciera un viaje a mis adentros
Y sobreviviera a los lamentos
Pediría fuerzas para decir cuánto lo siento
Si volviera de un viaje a mis adentros.
Café Tacvba, Volver a comenzar
JESÚS PABLO MARTÍNEZ RODRÍGUEZ
Últimamente me la he pasado encerrado en mi cuarto. Ya lo dije, enclaustrado. No es que odie mi anterior lugar —nunca pasará eso—, sino que acá puedo mirar las estrellas, aunque sean de esas que pones en el techo y brillan en la oscuridad. Es tan bello contemplarlas, mientras pongo un buen bossa nova de los años 60’s. Es como emprender un viaje al espacio sideral. Soy un astronauta.
¡Y no sólo emprendo viajes al espacio! También a mi mundo interior, a mis adentros; a mis vísceras, aunque a veces me cause escozor. Quieren que emprenda viajes reales: al Centro, a la casa de al lado… Yo acepto, aunque me quede dormido al final —¡e increíblemente el mundo, a tientas, intenta despertarme!—. Parece que no le tomo interés a eso. A nada, mejor dicho.
¿Será que ya no me interesa la vida? ¿Acaso la existencia es compleja? ¿O soy yo el exagerado?
(…)
Es muy difícil saberlo, pero igual lo averiguaré. Mi objeto de estudio a partir de ahora será el desinterés, la indiferencia, la apatía; porque estamos en el siglo XXI, “el de la indiferencia”. Así lo ha nombrado mucha gente, y claro que concuerdo con todos ellos.
Se caen teatros, se caen narrativas enteras, y la gente pasa de largo. Debería ser así yo, pero elijo llorar frente a los escombros de lo perdido.
Quisiera saber por qué la gente —y no quiero generalizar, pero sí decir que es buena parte— es así. Preguntarle a alguien, pero no sé a quién. No tengo a quién preguntarle. O quizá sí. A ti, que me estás leyendo. A ti, que me hiciste romper la cuarta pared. Ojalá tengas respuesta.
(…)
Pude haberle preguntado a mi celular, al Google, pero ese exceso de información al alcance de un clic realmente me hace dudar incluso del tiempo. Ya no sé qué es. Soy un agustino. Un angustiado.
¡Y cuánta razón! Soy un angustiado escribiendo del desinterés a las 3 de la mañana. Hora adecuada para creerse filósofo, pensador. O para acercarse al abismo. Debería ya dormir, pero primero terminar lo que empecé. Ordenar mis pensamientos. Ordenar este montón de palabras, para encontrarle belleza y sentido. Encontrarle sentido al sinsentido.
¿Pero cómo? ¿Cómo encontrarle sentido al sinsentido, si yo soy el mismísimo Camus? Ese es mi punto 2 para justificar mi falta de interés ante las cosas: porque el mundo ya no proporciona emoción. Ahora me faltan 12 puntos más, para alcanzar a Woodrow Wilson y armarme mi propio manifiesto.
Aunque, al final, no es justo armarse una tesis tan derrotista. Lo que siempre he querido decir es que el desinterés es interesante en sí mismo. Después de haberse preguntado todo: ¿qué es la vida?, ¿por qué me apoyo de canciones en mis relatos?, ¿por qué parecen ensayo y poema?; es natural detenerse y volver… volver a dormir en esa cama roída, esa que me ha sostenido tras soñar con auroras boreales, con arte y un buen de cosas más.
Entonces… eso. Si un día me aburro y pierdo todo interés, abandono el saber… eso será interesantísimo.
¿Y saben?
Creo que ese es el eje rector de toda mi literatura.
Pronto habrá promesas de recuperar el interés, pero mientras llegan… a disfrutar lo que hay. A abrirle la puerta a lo que venga.
Mañana habrá promesas en mi puerta para abrir
Mañana habrá una lágrima en mis ojos para ti
Mañana habrá promesas en mi puerta por vivir.
Los Bunkers, Canción para mañana
(…)
Adiós.