Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien.
Jaime Sabines
ALFONSO VALENZUELA CISNEROS
A mí también me encanta Dios. También creo que es un viejo magnifico y juguetón con nosotros los hombres: a unos nos hace altos, flacos, feos, gordos o a los ojos de los pizpiretos observadores, solo a algunos, de buen parecer.
También le agradezco que nos haya enviado a tipos excepcionales y que hubiera firmado un contrato de comodato con sus amigas las iglesias, para que estas tuvieran el resguardo y disfrute de todos sus bienes aquí en la tierra, puesto que a él le volvería loco el inventario y clasificación de todos ellos.
Aunque debo de ser honesto y que decirles que tengo algunas dudas respecto a la relación de ambos, por ejemplo: ¿qué le dijo el buen Dios a la Iglesia católica cuando la inquisición? Yo supongo que debió molestarse, o ¿qué opina en cuanto a la disparidad de que por muchos años no reconoció al santo sudario como prueba legitima de la existencia de su hijo Jesús en la tierra y ahora es su prenda más significativa? En fin, tengo muchas dudas que quisiera poder preguntarle a nuestro señor Dios o, en su defecto, a su vocero directo: el Papa, o bien, a los Patriarcas y lideres espirituales de las distintas iglesias.
Porque a mi parecer, Dios debería estar muy enojado por el comportamiento de sus amigas las iglesias, aunque él también sabe que están guiadas por nosotros los hombres y que, como muchas veces se dice: “somos tendientes a la perfección”, nunca a la imperfección puesto que somos sus hijos, somos su obra.
Entonces, si es guiada por hombres y no somos la concreta perfección, cabría lugar a más dudas, pudiera ser probable que Dios nunca dijo que se construyeran templos tan ostentosos en cantera, con altares bañados de oro y pisos de mármol. Pudo ser que Dios nunca quiso que se hicieran varias religiones para que después estas se mataran entre sí, tal vez, quisiera que sólo existiera un libro sagrado en el que concordaran todos sus hijos, que hubiera no un Dios moreno para los morenos y uno blanco para los blancos, sino uno solo. Que los mexicanos fuéramos católicos por convicción y no por la barbarie del pueblo conquistador de nuestros antepasados.
Si es así, hecha por hombres, pudiéramos dudar hasta de la existencia del hijo de Dios en la tierra, que Jesús, como lo dice Jaime Sabines, sólo fue un tipo excepcional, un gran orador con capacidad de palabra para mover masas, como ya los ha tenido la historia -en un aspecto negativo, Hitler es uno de ellos-.
Puede ser que Jesús, como tipo excepcional, haya pasado gran parte de su vida, de los 12 a los 30 según recuerdo, tiempo en que no se sabe nada de él, sumergido en la biblioteca de Alejandría, donde se concentraba el saber más grande de su época y hubiera adquirido ese conocimiento.
Pero en ese caso, por qué se escogió a Jesús y no a Sócrates que también fue otro tipo excepcional, y en ese caso, por qué la necesidad de creación o divinización de ese tipo de figuras, ¿por qué Buda, Mahoma o la tía Chofi de Jaime Sabines?
Creo que el ser humano, por tranquilidad grupal y personal, se ha visto en la necesidad de tener un ser supremo que nos cuide y nos vigile, sería bastante terrible andar solo por el mundo sin alguien que vele nuestros pasos. Pienso en tal, que me gustaría sentir y siento que existe una conexión entre Dios y el que les habla.
En fin, esta no es una crítica a Dios, él sabe que lo respeto, puesto que creo que la divinidad de la naturaleza, la forma en que se fusiona y funciona nuestro cuerpo, la utilidad y armonía de la más pequeña de las células y los más hermosos paisajes, tuvieron que ser creados por una mano excepcional: la mano de Dios.
Como diría el tan citado Jaime Sabines: Dios bendiga a Dios.
Buena onda el señor Dios ese del que habla