Hola, soy Javier Cortez, originario de Jerez —Jerez de las Tostadas o de las Tostibuches, como se quiera—, antes Jerez de García Salinas. Soy artista visual. Desde 1992, cuando realicé mi primera exposición individual, he tenido alrededor de 40 exposiciones individuales y unas 350 colectivas.
JAVIER CORTEZ: Estudié en la Escuela Nacional de Artes Plásticas —antes ENAP, ahora FAD— en la Ciudad de México. La Antigua Academia de San Carlos sigue existiendo, aunque ahora está enfocada al posgrado. Yo estudié en la ENAP, que actualmente se encuentra en Xochimilco. Ahí tuve maestros importantes como Luis Nishizawa, en técnicas y materiales de la pintura, y también estuve cercano al trabajo de Francisco de Santiago en el ámbito del posgrado, aunque no lo cursé formalmente.
También participé en el espacio Arte y Cantera, donde se invitaba a artistas a trabajar escultura en Zacatecas; ahí fui director. Más adelante trabajé en el Instituto Zacatecano de Cultura como encargado de exposiciones a nivel estatal, organizando y promoviendo artistas zacatecanos, especialmente en los años noventa, cuando se impulsaba mucho su proyección fuera del estado.
He participado en numerosas museografías en distintos museos, y también he dado clases en instituciones públicas y privadas, desde nivel básico hasta adultos. Siempre me ha interesado la educación visual como una forma de estimular la creatividad.
Actualmente colaboro desde hace más de 20 años con la Galería Arroyo de la Plata. Entre mis exposiciones individuales más importantes están las realizadas en el Museo Pedro Coronel, el Museo Francisco Goitia, el ex Templo de San Agustín, y espacios internacionales en Long Beach, Austin, Sicilia y Rimini.
Fui becario de Jóvenes Creadores y también del programa estatal de creadores. Además, formo parte del Grupo Negro, junto con Charly Tumorro, Carl Coraval y Tarcisio Pereira, a quien seguimos considerando parte del grupo.
También impulsamos durante años el proyecto Arte de la Tierra, donde artistas trabajábamos con elementos naturales en distintos paisajes de Zacatecas y San Luis Potosí, creando obra efímera. Era una experiencia muy intensa: acampábamos, trabajábamos con tierra, agua, hojas, piedras, y el registro quedaba en fotografía, video o texto, porque la obra desaparecía con el tiempo.
En paralelo, desde hace más de dos décadas organizamos convocatorias en Jerez, especialmente en espacios no convencionales como cantinas o cafeterías. Uno de estos espacios ha sido la cantina El Tizoc, dentro del marco del Festival Ramón López Velarde. La intención es acercar el arte a públicos que normalmente no van a museos o galerías.
EL MECHERO: Nos gustaría que nos hablaras sobre tu obra. ¿Cómo la consideras o la clasificarías?
JAVIER CORTEZ: Cuando salí de la ENAP, después de una formación académica —modelo, paisaje, bodegón—, me encontré con el arte abstracto, y ahí sentí que podía expresar mejor lo que quería decir.
Mi primera exposición individual fue en la Casa de la Cultura de Zacatecas, titulada 54 Km, donde había un diálogo entre lo figurativo y lo abstracto. Después vino Lluvia, naufragio de la realidad, en el Museo Goitia, y ahí comencé a definirme más claramente dentro del arte abstracto.
Aunque se me conoce como pintor abstracto, también tengo formación y experiencia en lo figurativo. Sin embargo, el color ha sido siempre central en mi trabajo.
En mis exposiciones más recientes, como Negra de razones en la Galería Arroyo de la Plata, trabajé profundamente con el negro. Este color, que suele asociarse con lo negativo, para mí se convirtió en una exploración de luz, profundidad, misterio y esperanza.
Esta relación también viene de mi infancia: mi familia tenía funerarias en Jerez, y crecí rodeado de esa experiencia. Vi de cerca la muerte, el luto, los rituales. Incluso trabajé en la carpintería haciendo ataúdes. Todo eso, de alguna forma, atraviesa mi obra.
EL MECHERO: En tu obra el negro no es uniforme, tiene matices y texturas.
JAVIER CORTEZ: Claro, hay muchísimos negros: brillantes, mates, fríos, cálidos, con textura. En esta exploración me interesó mucho el trabajo de Pierre Soulages, quien decía que para ver una pintura negra hay que moverse, para descubrir de dónde surge la luz.
En Negra de razones, cada pieza tenía una dirección distinta, por eso sentí la necesidad de titularlas. Originalmente pensaba llamarla Obra negra, como en la construcción, pero finalmente el título cambió.
EL MECHERO: También mencionaste una nueva exposición en proceso.
JAVIER CORTEZ: Sí, estoy trabajando en escultura, especialmente en madera. Tiene que ver con lo primitivo, con los orígenes: monolitos, lo ceremonial, lo astronómico. Me interesa esa conexión con lo ancestral.
Espero que esta exposición pueda concretarse este año, aunque lo más importante ahora es avanzar en las piezas.
EL MECHERO: Cuéntanos sobre Grupo Negro.
JAVIER CORTEZ: Nos conocimos hace unos 19 años en Real de Catorce. Después surgió la idea de formar el grupo. Somos pintores abstractos con una fuerte presencia del color.
Tarcisio escribió un texto que sigue funcionando como nuestra carta de presentación. Hemos realizado alrededor de 15 exposiciones, muchas de ellas pensadas específicamente para el espacio: analizamos dimensiones, luz, montaje. No trabajamos con obra ya hecha, sino que producimos para cada lugar.
Una exposición reciente fue Recuerdo al futuro en el Teatro Calderón, como homenaje a Tarcisio.
EL MECHERO: Finalmente, háblanos de tu trabajo con materiales no convencionales.
JAVIER CORTEZ: Hay dos caminos: artistas que depuran una técnica, y otros que damos saltos más bruscos. En mi caso, me interesa experimentar.
Por ejemplo, en la exposición La clé trabajé a partir de un objeto de madera —una pieza de corral—. Lo colocaba sobre la superficie y trazaba su silueta. Era un detonante.
Una amiga notó que esa forma parecía una llave, y a partir de ahí surgió el concepto. Ese tipo de intervenciones externas son muy importantes para mí: no defiendo la obra de manera cerrada, sino que dejo que dialogue con otros.
Otra cosa que ha sido muy importante para mí es la enseñanza. Cuando regresé de la universidad en la Ciudad de México, me invitaron muy pronto a dar clases, y en ese momento pensé que ese podía ser mi camino principal. Yo seguía produciendo obra, pero todavía no tenía tan claro que me dedicaría de lleno a esto, hasta que empezaron a surgir invitaciones para exposiciones colectivas. Ahí fue cuando ya te das cuenta de que estás dentro, que ya no hay vuelta atrás.
El trabajo con alumnos —niños, jóvenes y adultos—, tanto en escuelas públicas como privadas, ha sido fundamental. También lo ha sido el hecho de convocar artistas, de estar en contacto constante con obra, ya sea desde instituciones o desde la galería. Durante años, en la Galería Arroyo de la Plata, he tenido la oportunidad de convivir diariamente con obra de artistas zacatecanos y de otras partes.
Imagínate tener durante meses obra de artistas como Manuel Felguérez, Rafael Coronel, Juan Manuel de la Rosa, Pocho Monreal, Chucho, Ismael Guardado… y poder verla todos los días. No solo estás trabajando: también te das el tiempo de observar, de regresar a las piezas, de descubrir cosas nuevas en ellas. Esa convivencia cotidiana con la obra ha sido una formación constante.
Creo que eso, junto con la disciplina, ha sido clave: el estar interactuando permanentemente con el trabajo artístico.
En lo personal, uno de mis pintores favoritos de México es Gilberto Aceves Navarro. Incluso tuvimos una exposición suya aquí en la galería. Fue mi maestro por muy poco tiempo, casi nada, pero su obra me marcó profundamente. Pertenece a una generación vinculada a la ruptura, y su manera de trabajar me ha influido mucho.
En general, todo este contacto —con artistas consolidados, con jóvenes, con distintas formas de hacer— ha sido esencial para mi desarrollo.
Fotografías:Cortesía























