DANIELA ALBARRÁN
En la semana, vi un video1 donde se hablaba de la importancia de tener una vida fuera del trabajo. Hablaba justo de preguntarnos quiénes somos afuera de nuestro trabajo, de la idea de descentralizar esa actividad con la que nos “ganamos la vida” y me hizo mucho sentido por varios aspectos.
Si bien es cierto que vivimos en un país donde las jornadas son extenuantes. Aunque actualmente se busca legalizar la semana de 40 horas (que siguen siendo un chingo), la realidad es que muchos trabajadorxs, sobre todo, en el sector formal, pierden entre 2 y 3 horas adicionales en el transporte público. Es vital visibilizar que el trabajo no puede serlo todo. Sé que es difícil debido a las condiciones económicas y geográficas que nos atraviesan, pero es urgente cuestionarlo y desde esa visión, propongo ver esta descentralización laboral desde una posición política.
El ambiente laboral
Casi todos los trabajos tienen un ambiente hostil. Donde hay dinero de por medio, la gente compite por el trozo más grande de carne; eso lo entiendo. Sin embargo, ¿por qué permitimos que un entorno ajeno impacte tanto en nuestra vida personal? A veces nos estresamos por empresas que ni siquiera son nuestras, haciendo ricos a los que ya son ricos. No podemos controlar que el ambiente sea tóxico, pero sí podemos cuestionar por qué dejamos que nos afecte.
En mis últimos 10 años en oficinas, he ido a miles de entrevistas y convivido con todo tipo de personas. El ambiente suele ser como regresar a la secundaria: está el que hace la tarea, el que no la hace, y el que se la roba al de al lado para sacar 10. Mi pregunta constante es: si nosotros somos prescindibles para las empresas, ¿por qué nosotros debemos darles tanta importancia a ellas?
Una decisión política
Como decisión política personal, elijo no darle a mi empleo remunerado más del 20% de mi importancia vital. Mi esfuerzo es proporcional a ello, no por pereza, sino porque ningún trabajo merece mi salud mental ni mi preocupación desmedida. El trabajo es un medio para conseguir dinero, punto.
Yo soy muchas cosas más: escribo, leo, coloreo, estudio, tengo familia y juego con mis gatos. Sí, paso muchas horas en la oficina, pero robo tiempo para leer en la pantalla. No me pagan lo suficiente para tener toda mi atención y mi alma.
Me niego a que el trabajo sea mi vida. Me niego a “ponerme la camiseta». Es momento de descentralizar el trabajo y asumir nuestra existencia desde otro ángulo: uno donde no tengamos que preguntar «¿a qué te dedicas?» para saber quién es el otro. La vida ya la tienes ganada por el hecho de existir. Sé que no es fácil, me lo repito a diario como un mantra, pero es mi forma de resistencia, mi forma de soportar el sistema y soportar la realidad que me atraviesa.
Referencias
1Crea una vida después del trabajo. Mente en Pausa. https://www.youtube.com/results?search_query=mente+en+pausa+trabajo