DANIELA ALBARRÁN
Estoy leyendo los diarios de Mary Shelley, y además de que son maravillosos porque muestran cómo era su vida cotidiana más allá de la persona que escribió Frankenstein, y muestra cómo fue la relación que tuvo con el poeta Percy Shelley, que iban hospedándose en castillo en castillo decadente, y los problemas económicos que tenían para sobrevivir, y que los dos se la pasaban estudiando griego, y leyendo y escribiendo poesía, muy romántico todo, en primera instancia, pero también cuenta cómo Percy embarazó a Mary cuando su esposa Harriet Westbrook también estaba embarazada, y se ve cómo viven su vida de vagancia, de excesos de poeta.
Pero justo y a partir de ese pasaje de vida de Mary, también me pongo a pensar en la genial película colombiana El Poeta, que habla de la vida del poeta Óscar Restrepo, que es una figura hilarante del arquetipo shelleyano de lo que es un poeta: un tipo borracho, que vive a las costillas de su madre, que no puede sostener un trabajo porque piensa que en algún momento alguien va a reconocer su valía de poeta, que vive de éxitos ya muy pasados. Y que lo único que hace es ir bebiendo por ahí, mientras lee sus poemas publicados hace miles de años atrás. Y no puedo dejar de pensar que no puede ser que sigamos perpetuando esa imagen de ese poeta decadente de un poète maudit que no sólo no hace enojar a la sociedad porque en realidad a la sociedad nunca le va a importar un poeta, sino que sólo se destruye a sí mismo y a lo que les rodea. Esa figura «maldita» que, como la de Óscar Restrepo, es cada vez más hilarante. Porque sé que, en el fondo, este arquetipo de poeta va por la vida con una idea de superioridad de que sí se creyó que el poeta es un pequeño dios, y desde ahí va por la vida pensando que tiene derecho a destruir todo a su paso. Y creo que esa figura de poeta decadente es necesario que se destruya, y no por un tema ni siquiera literario: yo ya no quiero ver «poetas» tirados en la banqueta y al borde de quedarse en la calle. Recientemente se hizo viral un video en TikTok de un poeta con una carrera académica brillante, libros publicados, conocedor de varios idiomas, que vive prácticamente en la calle. Y por eso creo que no podemos seguir perpetuando la imagen de que un poeta maldito es más maldito mientras menos tiene para comer o mientras más viva en la calle.
Y bueno, si tuviera a Mary Wollstonecraft de frente le diría: Mary, no te enamores de un poeta. Sí, aunque ese consejo le llegara dos siglos después.
