CÁRCEL
Una marea de hombres corre
con el viento de los campos.
Muerden, despedazan,
hacen de mí una piltrafa entre el fuego.
Caudal de huesos son ellos en mis manos,
huesos que apuntan,
señalan,
golpean.
Martillos de calcio,
resonando en mis oídos
forman una hilera frente a mí;
caen sus restos,
me acorralan, me amordazan.
Queman.
Los ojos de la multitud me señalan,
ríen a carcajadas, hunden
sus dedos lascivos en las rejas.
Esta cárcel circular que es el tiempo
ha hecho de mí un animal herido,
eterna, colgada del árbol de las sombras.
Todas las risas se repiten,
todos los tiempos,
los gestos,
los rostros,
toda la sangre estancada entre mis manos.
Esta imagen sólo es el recuerdo:
la cárcel es este cuerpo en el que habito.
EL PADRE
Mi padre, el padre,
sin la orden de dios,
hijo pródigo del claustro,
fugitivo del diezmo y de la ofrenda.
El extranjero, la visita de domingo
vigía puntual del reloj y de la cuenta.
El regalo,
la tierra prometida,
que nunca vi,
ni llegó a mis manos.
Mi padre frente al tele encendido,
la liga de fútbol a volumen de fiesta,
el conejo degollado y servido en la mesa.
La llamada ausente,
la disculpa,
eterna espera.
Mi padre: piedra de silencios,
promesas rotas, como todas mis medias
o mi sed irrefrenable de volverme ceniza
cada vez que las manos
del tío,
el hermano
el abuelo advirtieran
mis pequeñas piernas
correr por la casa,
mi vestido nuevo,
la mirada limpia.
Cualquier cosa que se llamara hombre,
cualquier cosa que fuera una bestia
y me encerrara a solas
con mi llanto,
mi sangre,
el cuerpo infame,
y la infancia desnuda
como muñeca de porcelana rota.
Mi padre, el padre,
cualquier hombre en el mundo
con sed irrefrenable de piernas abiertas.
La loción insoportable,
el terror nocturno,
la sombra más temible que encuentro en la pared.
ARS POÉTICA
¿De qué me sirve la ilusa pretensión:
ser ilustre literata,
proxeneta del lenguaje?
Apilar palabras,
atravesarles alfileres,
disecar sus cuerpos;
como las blancas mariposas
que asfixié entre mis manos.
¿De qué me sirve la memoria taxonómica del ave,
si el pájaro no vuela ni canta?
Selección de Josué Andrés Moz
Ana María Rivas: Santa Tecla, El Salvador 1995. Poeta y narradora. Egresada de la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad de El Salvador. Formó parte de la Escuela de Jóvenes Talentos en Letras de la Universidad Dr. José Matías Delgado. Fue miembro del Taller Literario Altazor. En 2016, ganó el primer lugar en el concurso La Flauta de los Pétalos, organizado por la Universidad de El Salvador y el Centro de Estudios de Género. Su producción literaria figura en la compilación Sextante (narrativa). Sus poemas han sido publicados en antologías nacionales y extranjeras, como: Las muchachas de la última fila, Escaleras abajo y Antología de poetas bajo palabra. En 2023 fue ganadora del XIII Certamen Literario Ipso Facto 2023, promovido por Editorial EquiZZero. Ha publicado: Delmara (Editorial EquiZZero, 2024).