Hola, ¿qué tal? Soy Sarah Cuevas Reyes, soy nutrióloga de profesión. Estudié en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Luego hice una maestría en Alto Rendimiento Deportivo por la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Durante este lapso de la maestría me encaminé hacia la Escuela de Directores Técnicos de la Federación Mexicana, ya que hice mi servicio social en Mineros de Zacatecas. En ese trayecto, para mi formación, me pareció importante especializarme en el ámbito del fútbol, ya que siempre he sido una apasionada del fútbol. El club justamente me apoyó para que yo emprendiera mis estudios como directora técnica.
Sarah Cuevas Reyes: Fue este mi ímpetu. Íbamos varios compañeros de Mineros a Monterrey; sin embargo, me pareció también importante concentrarme en el estudio del alto rendimiento deportivo y de la actividad física. Dejé de trabajar en Mineros y me concentré en todo lo que era la especialidad del fútbol allá en Monterrey.
En Monterrey tuve muchas experiencias, no solo con futbolistas, sino con otros deportistas de élite: de bádminton, de lanzamiento de martillo; estuve con la Selección Nacional de Voleibol y también prácticamente con todos los equipos representativos de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Previo a eso estuve a cargo de la nutrición y del apoyo en la gestión de atletas de triatlón que posteriormente participaron en los Juegos Panamericanos. Nos trajimos una medalla de oro. Ellos eran seleccionados de Tamaulipas y el Instituto del Deporte de Tamaulipas me contactó para hacer la gestión y apoyar a estos equipos, a estos seleccionados.
Dentro de esta gestión y de los andares del fútbol entré a Sinergia Deportiva, que en este caso es Club Tigres, y emprendí el apoyo de la categoría Sub-15 varonil, para luego hacer prácticas con la Tercera División Profesional, que por cuestiones académicas tenía que cubrir. A la par estuve con FC Dallas varonil, que en ese momento tenía un equipo en Tercera División Profesional, y también me quedé apoyando a esas categorías.
Siempre he fusionado la nutrición con el deporte y siempre he tenido la alternativa de elegir con qué categoría quiero trabajar. Entonces, bueno, siempre elegía el área de preparación física o auxiliar técnico.
Por parte de la universidad, en este caso de la Facultad de Organización Deportiva, teníamos que hacer una estancia académica. Entonces me contacté con el metodólogo del Barcelona, quien radica en Portugal, y por gestión de la universidad me fui a hacer una estancia académica en la Universidad de Oporto.
Estuve trabajando con él directamente. Visité clubes de Segunda División, estuve en el estadio Do Dragão, donde estaba el Tecatito. En ese momento me tocó ver partidos donde jugaba él. Estuve en el Guimarães y en equipos de Tercera, Segunda y Primera División. Además, estuve como apoyo en los equipos de fútbol, sobre todo varonil, de la Universidad de Oporto.
En ese momento ocurre algo que yo veo como una gran ventana de oportunidad, porque gracias a que estaba trabajando con él me comentó que habría un congreso de scouting.
¿Qué es el scouting? Bueno, pues es justamente la selección de talentos. Ahí te topas con los mejores seleccionadores de los mejores equipos que te puedas imaginar.
Me dijo: «Aquí está tu pase. No vengas a clase; ve aquí. Es más importante que asistas a este lugar que a la biblioteca».
Me fui para allá y lo que yo imaginaba era encontrar a muchas mujeres. Mi sorpresa fue que, el primer día, en las primeras conferencias, solamente estaba yo. Pensé: «Bueno, seguro tienen que llegar más mujeres».
Y efectivamente, después empecé a voltear a mi alrededor y había más mujeres. Entonces dije: «Tengo que entablar conversación con ellas».
Me hice muy buena amiga de una. Tanto que nos pusimos a platicar. Ella era entrenadora de un equipo femenil. También creamos una amistad con otra de ellas, que hacía scouting para varios clubes muy importantes; todavía conservo el contacto con ellas.
Son las cazadoras de talento, prácticamente, de equipos importantísimos, y tenemos una relación futbolística muy bonita.
El caso es que yo me regreso a México, termino la maestría y el proyecto futbolístico que yo tenía, por motivos de COVID, como a muchas personas en el mundo, se me fue a la basura. Y no nada más a mí; también a otros compañeros que ya estábamos por firmar contrato con clubes. Se vino para atrás todo el proyecto.
Me regreso a Zacatecas. Estando aquí hago mi examen de titulación en línea para obtener el grado de la maestría y empiezo nuevamente a mandar solicitudes a equipos.
En ese ir y venir, de que sí, de que no, me hablan de Halcones de Zapopan, que en ese caso pertenecía a la federación alterna. No sé si te acuerdas que salió una federación alterna del futbol mexicano.
Me quedo con ellos y me contratan como auxiliar técnica de la Sub-21. Nos fue muy bien; llegamos a estar entre los primeros de la tabla. Sin embargo, por cuestiones de logística y también por cuestiones de COVID, no pudimos disputar el último partido.
Siempre te quedas con la espinita de qué pudo haber pasado, pero no se pudo jugar.
Después el equipo Sub-21 desaparece. Vieron mi trabajo y me dijeron:
—¿Sabes qué? Apóyanos ahora con el equipo de Primera División como auxiliar técnica de Halcones de Zapopan.
Igual, nos pasó exactamente lo mismo. Teníamos partidos de visita, partidos de local; todo iba viento en popa. Éramos de los primeros de la tabla y, al final, por cuestiones económicas, de logística y por el COVID, tampoco pudimos disputar esos encuentros.
El equipo parecía que iba en picada libre para desaparecer.
El presidente me dijo:
—Aguántanos poquito, aguántanos poquito.
Meses después ingresamos con el equipo de Segunda División a la Federación Mexicana y yo me quedé para crear ese equipo.
Claro, tienes la noción de cómo hacerlo, pero en realidad yo nunca lo había hecho de manera profesional.
Ellos me dijeron:
—Ayúdanos con el proceso de scouting. Estamos buscando un sistema de juego, creo que un 4-3-3. Me gusta que sean rápidos, que los defensas tengan estas características, que los extremos jueguen de esta manera. Ayúdanos a encontrar esos talentos.
Y no solamente yo; todo el cuerpo técnico participaba. También apoyábamos toda la logística: desde hacer el calentamiento, dirigir un partido cuando se necesitaba o preparar ejercicios técnico-tácticos. Tú estabas ahí para lo que se ofreciera.
En ese proceso, cuando ya estaba conformado el equipo principal, se contacta conmigo esta compañera de Portugal. Ella es mitad portuguesa y mitad francesa.
Me invita a colaborar en uno de sus proyectos.
Yo pensé:
—Bueno, pues a ver de qué se trata. Me gustaría ayudar.
Entonces empezó a enviarme sus portafolios y me decía:
—Ayúdame a corregirlos.
Lo que ella quería era trasladar una escuela de futbol femenil a cualquier parte del mundo. Estaba buscando patrocinadores, sedes y recursos económicos para llevar a cabo el proyecto.
Yo le decía:
—Mira, yo veo más viable que hagas estos ajustes por aquí…
Todo era en línea.
Meses después me habla y me dice:
—Oye, ya está todo listo. Claro, si quieres puedes rechazar la oferta, no hay ningún problema. Pero ya está todo listo para emprender la escuela de futbol femenil. Sería la primera escuela completamente femenil que existe en los Emiratos Árabes Unidos. ¿Te vas o te quedas? Nada más necesito que me digas que sí.
Yo acababa de firmar un contrato aquí en México y, cuando ya tienes algo, pues normalmente decides quedarte, porque el futbol es incierto y nunca tienes un futuro asegurado.
Además, me estaba yendo muy bien. Nunca batallé por cuestiones de género, en el sentido de que no tomaran en cuenta mis decisiones. Al contrario, siempre eran consideradas. Tal vez no siempre se aplicaban tal cual, pero yo siempre estaba involucrada en la toma de decisiones del club.
Me regreso un poquito.
En esa estancia que tuve en Portugal también tuve la oportunidad de estar en el Atlético de Madrid. Estuve en varios congresos y conocí a muchas personas del extranjero.
Entonces hubo momentos en los que dices: «No puede haber tanta coincidencia».
Ya en Dubái empecé a encontrarme con algunos personajes que había conocido en aquel congreso al que asistí, así como personas que conocí cuando estuve en el Atlético de Madrid, en el entonces llamado Wanda Metropolitano. Los veía allá y pensaba: «Algo debe de haber aquí».
Entonces les hablé a mis papás, a mi mamá y a mi papá, y les dije:
—Oigan, ¿saben qué? Hay una oferta. Me voy a los Emiratos Árabes.
El contrato era por tres meses.
Y terminé quedándome casi un año.
En ese ir y venir de: «Ahora sí ya me voy», «ahora sí ya regreso», empezaron a pasar muchas cosas.
¿Qué ocurrió en los Emiratos Árabes?
Lo primero fue buscar canchas.
Viajamos por muchos lugares buscando espacios, porque no todos tenían acceso a instalaciones deportivas. Empezamos la búsqueda de canchas y de lugares para entrenar.
Claro, estás en el primer mundo, pero necesitas encontrar una cancha, y no todas son iguales ni todos los espacios deportivos cuestan lo mismo. Unos son mucho más caros que otros y nosotros tampoco teníamos presupuesto para elegir cualquier instalación.
Empezamos a contactar más patrocinadores, inversionistas y personas que pudieran apoyar el proyecto.
Finalmente nos establecimos en un espacio cerrado.
Para mí era extraño, porque pensaba: «¿Cómo voy a entrenar futbol en un espacio cerrado?». Además, el futbol es futbol once.
Sin embargo, en ese país, para las categorías infantiles se promovía mucho el futbol siete, obviamente por cuestiones económicas y de espacio. Sale mucho más barato construir varias canchas sintéticas pequeñas dentro de un mismo complejo, todas con aire acondicionado, vestidores, estacionamiento y todas las comodidades.
Prácticamente estás en el desierto, así que tienes que cuidar mucho la hidratación y los horarios de entrenamiento.
El calor no te permite realizar actividad física a las doce del día. Si aquí ya resulta complicado, allá es prácticamente imposible.
Entonces nos establecimos en ese lugar y comenzamos a hacer una especie de visorías, aunque realmente no eran visorías.
Lo que queríamos era que las mujeres fueran a practicar futbol.
Recibimos aproximadamente un cincuenta por ciento de extranjeras y un cincuenta por ciento de emiratíes.
¿Cuál era el problema?
La educación física básica.
Algo que aquí en México damos por hecho, como brincar, correr, calentar o hacer ciertos ejercicios, ellas no lo tenían, pese a que la educación allá también es de primer mundo.
Entonces dijimos:
—Bueno, vamos a empezar a formar el equipo.
Comenzamos a construir un sistema de juego para competir contra clubes conformados principalmente por extranjeras.
Estamos hablando de mujeres que entrenaban desde los cuatro, cinco o siete años de edad, preparadas para el alto rendimiento, contra niñas que nunca en su vida habían jugado con un balón.
Eso, al menos a mí, me importó poco.
A eso nos importó poco, al menos a mí me importó poco.
Ahora, ¿cuál fue el segundo problema al que nos enfrentamos?
Que no todas las niñas tenían permiso para ir a jugar, porque tenían que pedir autorización a su papá. Si él no autorizaba, entonces había que pedirle permiso al abuelo, al hermano, al primo o al cónyuge.
No era nada más decir: «Oye, déjame ir a jugar». No. Tenía que existir ese permiso.
Dentro de las familias podía ser un permiso de palabra, pero si ese permiso no existía, para ellas era un problema muy serio. Entonces teníamos que cuidar muchísimo esa parte.
Además, uno aquí está acostumbrado a llegar al entrenamiento, ponerse un short, una playera, unos tenis y listo.
Ellas tenían otro obstáculo.
Si no les permitían usar short, ¿cómo iban a jugar?
Yo, muy a mi manera, les decía:
—Ustedes vengan a jugar y listo. No hay inconveniente.
Pero, claro, culturalmente no era tan sencillo.
Les decía:
—Miren, todo el mundo tiene permitido que se le vea la cara. Ustedes usan el hijab y podemos ver su rostro, sus manos y, en muchas ocasiones, también los pies.
En otros países que tuve oportunidad de visitar, como Egipto, sí me tocó ver mujeres completamente cubiertas.
En Emiratos Árabes Unidos no era así.
Nuestras aspiraciones eran tan grandes que comenzamos a tocar las puertas de la Federación de Futbol de los Emiratos Árabes Unidos. Ahí nos encontramos con que estaban conformando una selección nacional. Nosotros ya teníamos un equipo femenil.
Desde el principio la dinámica fue crear un club completamente femenil, dirigido únicamente por entrenadoras mujeres. Eso permitía que las mujeres tuvieran acceso a este tipo de equipos.
Y todo esto surgía también a partir de las políticas que en ese momento impulsaba la FIFA, que empezaba a destinar presupuesto para desarrollar el futbol femenil.
Poco a poco comenzamos a tener contacto con la Federación. Nos empezaron a invitar a reuniones importantes. Y las mujeres que estábamos involucradas en ese momento coincidíamos en una idea: No puede haber desarrollo si no existe una Primera División profesional.
Lejos de pensar inmediatamente en una liga profesional, había que empezar por algo. Tal vez una liga amateur. Había algunas ligas, sí, pero no todas las mujeres tenían acceso a ellas.
Yo decía:
—¿Cómo va a ser posible que las mujeres de tu propio país no tengan acceso a jugar futbol?
Entonces varias de las mujeres emiratíes coincidían en que había que crear esa primera temporada de futbol.
Empezaron los trabajos para seleccionar jugadoras y organizar los equipos.
Nosotros no contábamos con ese presupuesto.
Entonces dije:
—Pues somos las que estamos y con ellas vamos a empezar.
Supieran jugar o no. A partir de ahí comenzaron las temporadas. Y, siendo muy sincera, nos goleaban.
Nos ganaban por marcadores muy amplios. Pero yo guardaba la calma. Mi prioridad era que los papás confiaran en que este era un proyecto serio. Que vieran que estábamos jugando en Primera División y que, tarde o temprano, íbamos a llegar lejos. Porque, más allá de ganar partidos, para mí la verdadera victoria era que esas niñas ya estuvieran jugando futbol. Había que empezar por algún lado.
También había que entender cuáles eran las batallas que correspondía pelear en ese momento. Pensar en ser campeonas todavía estaba muy lejos. Primero había que convencer a las familias y también a las propias niñas de que ellas realmente eran futbolistas.
Sorpresas que pasaron en los vestidores… es que entras a una intimidad femenina colectiva que te permite conocerlas, conocer sus preocupaciones, sus inquietudes, pero además conocerlas físicamente.
Entonces, por primera vez les veía el cabello; por primera vez les veía los brazos; por primera vez les veía las piernas.
Cosas que, si tú sales ahorita a la calle, son completamente normales, pero que, culturalmente hablando, te sorprenden porque no estás acostumbrada a ese tipo de situaciones.
Algo que yo siempre les decía a las jugadoras era que fueran disciplinadas, que no faltaran a los entrenamientos. Y, conforme fueron pasando las jornadas, los goles en contra empezaron a disminuir.
Entonces dije:
—Se está trabajando. Se está haciendo algo bueno.
Porque el alto rendimiento engloba muchos aspectos; no solamente la técnica. Son muchos los factores que intervienen. Además, empezamos a anotar más goles, y eso era buenísimo. Pero había otra cosa que para mí era todavía más importante. Yo quería que mis jugadoras fueran seleccionadas.
Como ocurre aquí en México y en muchas partes del mundo, muchas veces quienes tienen el talento no tienen los recursos. Yo quería que esas niñas llegaran. Desde luego, no todas eran emiratíes; había jugadoras de Filipinas y de otros países.
Yo les decía:
—Yo paso por ti.
Y literalmente pasaba por ellas, las llevaba a entrenar y después las regresaba.
Mi mayor satisfacción era que alguna de esas jugadoras fuera llamada a las fuerzas básicas de la selección nacional.
Que les dijeran:
—Vamos a viajar a Georgia.
—Vamos a viajar a tal lugar.
Cada jugadora que lograba integrarse a una selección nacional representaba muchísimo para mí.
Y no importaba para cuál selección fuera convocada.
La realidad actual es que naces en un país y puedes convertirte en figura de otro.
Eso sucede constantemente en el futbol.
Ya estábamos por terminar el año cuando, por las ventajas de ser extranjera, surgió la oportunidad de participar en un conversatorio en Egipto.
Me dijeron:
—¿Puedes ir?
Y respondí:
—Yo estoy lista.
¿Y por qué digo que eso era una ventaja?
Porque no tenía que pedirle permiso a mi esposo, ni a mi papá, ni a mi abuelo. No necesitaba que alguien más tomara esa decisión por mí. Así que prácticamente de un día para otro tomé la decisión.
Llegamos primero a Alejandría. Después nos trasladamos a El Cairo. Íbamos a realizar una especie de clínicas deportivas. Comenzamos a visitar varios clubes importantes, sobre todo con equipos juveniles.
Recuerdo que aquella vez pensé:
—El nivel que tiene Egipto es muy alto, comparable con el de muchos otros países.
Lo que les falta es apoyo económico.
Les faltan recursos.
Yo veía entrenar a los equipos femeniles y pensaba:
—Técnicamente y físicamente le pueden competir a cualquiera.
Pero también pensaba:
—Si al futbol varonil todavía le hace falta apoyo, imagínate al femenil.
Todavía está lejísimos de recibir la atención que merece. Aun así realizamos esas clínicas. Y más que enseñar, me llevé recuerdos que voy a conservar toda mi vida.
A mí me encantan los caballos y me encanta el futbol. Recuerdo que un día salíamos de visitar las pirámides y nos metimos por un callejón. En ese callejón había puros caballos árabes de raza. Era impresionante.
Después entramos a las instalaciones de un club. Tengo una fotografía que siempre voy a guardar con mucho cariño. En ella aparece la cancha de futbol, los caballos y, al fondo, las pirámides.
EL MECHERO: Ha de ser una vista increíble.
SCR: Al menos para mis pasiones, yo decía: «No me la creo».
Entonces ahora veo el avance y digo: claro, la selección de Egipto llegó a estas instancias por un gran nivel futbolístico. Y no es algo que hayan conseguido apenas ahora. Lo que yo me di cuenta es que México y Egipto tienen muchas cosas en común.
¿Cuál es el instrumento más fácil que puedes agarrar para jugar futbol? Cualquier cosa. Con cualquier cosa pateas, con cualquier cosa juegas. Con tenis, sin tenis, descalzo. Allá es igual. Entonces yo veía esas similitudes y también la sensibilidad con la que agarran el balón. Es la misma sensibilidad con la que juegan aquí los futbolistas, hombres y mujeres.
Yo decía:
—Claro que ellos van a llegar lejos, porque su nivel de juego es impresionante.
Lo que hace falta son apoyos económicos. Entonces regreso a los Emiratos Árabes e iniciamos la temporada de la que te estaba platicando. Termina esa temporada y me regreso a México por cuestiones personales.
Me quedo un tiempo en Zacatecas.
Y, a la par, yo realmente no había estado buscando empleo. Cabe destacar que no tengo agente, entonces eso dificulta todavía más las cosas. De buenas a primeras recibo una llamada.
Me dicen:
—Oye, necesitamos una entrenadora para Atlas.
Y yo dije:
—Pues vámonos a Guadalajara.
Le digo a mi mamá:
—Oye, me voy a Guadalajara.
Ya estaba todo el plan. Pero estando en Guadalajara recibo otra llamada. Obviamente, por más que sea tu pasión, también tienes que vivir bien. Entonces me llama FC Juárez. La oferta era mejor. Todo era mejor.
Así que le digo otra vez a mi mamá:
—Pues ya me voy a Ciudad Juárez.
Y mi mamá:
—¿Cómo que a Ciudad Juárez? ¿Qué te pasa?
Mis hermanos igual.
—¿Pero por qué a Ciudad Juárez?
Y la verdad es que fue un proyecto muy bonito. Estuve como nutrióloga con el primer equipo y como auxiliar técnica de la Sub-18 femenil. Para ese momento yo ya había encaminado toda mi carrera hacia el futbol femenil.
Y vuelves a entrar en esa dinámica que tanto te gusta. Los partidos. La preparación. Los entrenamientos. El día a día en la cancha. Esa parte vuelve a ti y es lo que siempre te hace vibrar.
Yo siempre les decía a las jugadoras:
—Nosotros nos preparamos toda la semana. Compárenlo con lo que más les guste hacer. Si les gusta bailar, el partido es como su presentación final. Es su examen final. Ahí es donde nos dejamos todo.
Hubo varios problemas por cuestiones financieras.
Trabajábamos con muchas desigualdades en temas de logística. Llegamos a viajar de Juárez a Puebla. De Juárez a Pachuca.
Nos aventábamos esos viajes en camión. Y luego la recuperación física de las futbolistas…
Era terrible.
En los regresos llevábamos hieleras. Las jugadoras metían los pies en bolsas con hielo. Traíamos un cochinero en el pasillo del autobús porque necesitábamos recuperar a las jugadoras, a las porteras, a todas.
Nos trajimos muy buenos partidos. Y también muy buenas derrotas. Eso también forma parte del deporte. Después empezaron a cambiar algunas cosas en la gestión. Afortunadamente nos modificaron toda esa dinámica.
Comenzamos a viajar en avión. La logística mejoró muchísimo. Hubo un poco más de presupuesto. La recuperación era mucho más rápida y había menos lesionadas. Entonces, para la siguiente temporada ya contábamos con un presupuesto mayor.
Había más recursos para herramientas deportivas y para todo el proyecto. Y el proyecto de FC Juárez empezó a crecer muchísimo. No solamente en Primera División Femenil. En general. Ese crecimiento también alcanzó a la Sub-18 y posteriormente a la Sub-19. Nos tocó vivir justamente ese salto.
EM: ¿Fue como en 2022?
SCR: ¿2022? ¿2023?… Sí, como ya para 2023.
Y, la verdad, vivir esa experiencia de estar en un equipo de Primera División te cambia la forma de ver el futbol mexicano.
EM: Sí, entenderlo.
SCR: Entenderlo. Ya me había tocado vivir una etapa en la Liga de Expansión. También, cuando estaba en Mineros, me tocó perder tantas finales que uno ya hasta se acostumbra. Ya decía: «Otra vez».
Además, Necaxa nos arrebató un triunfo; Juárez también nos arrebató otro.
Y cuando finalmente ganas, ni siquiera sabes qué hacer.
EM: Sí, no sabes cómo reaccionar.
SRC: No sabes cómo reaccionar. Yo siempre he dicho que las probabilidades de perder son mayores que las de ganar. Pero también perdiendo aprendes a ganar.
Cuando ya estás en equipos grandes, de Primera División, y entras en la dinámica de la competencia profesional, entiendes que tienes que competirle de tú a tú a cualquier rival.
EM: También cambia el tipo de estrategia en la cancha, ¿no?
SRC: Claro. Por ejemplo, en una Sub-18 no tienes todo un departamento de inteligencia deportiva.
Ahí la inteligencia deportiva era yo. Yo era la entrenadora, la analista, la encargada de varias funciones. Haces cinco o seis trabajos al mismo tiempo.
En cambio, cuando estás en un equipo de Primera División con el primer equipo, ya tienes todos los reportes del rival. Ya cuentas con estadísticas. Sabes cómo distribuyen el juego.
Conoces cómo reaccionan las jugadoras ante determinadas situaciones de partido. Ya puedes pensar en una estrategia mucho más específica. Y, por decirlo de alguna manera, eso facilita el trabajo. No significa que el análisis disminuya. Al contrario. Simplemente ya estás concentrada en funciones muy específicas y tu objetivo principal es preparar el siguiente partido para ganar.
Entonces vivir esa experiencia de estar en Primera División te abre muchísimo el panorama. Es una de las mejores experiencias que he tenido. He trabajado también con otros deportes. Con ciclismo. Con triatlón. Tengo atletas de MMA que han sido campeonas tanto aquí como en el extranjero.
EM: ¿En nutrición o de qué manera?
SRC: En ambas.
EM: ¿Como coach y como nutrióloga?
SRC: Como nutrióloga y como preparadora física. Es un trabajo mucho más técnico, enfocado en la preparación y en definir qué tipo de entrenamiento necesita cada deportista.
Gracias a mis estudios en Nuevo León tuve la oportunidad de convivir prácticamente con todos los deportes que ahí se practican. Estar en esas instalaciones hace que te brillen los ojos.
Tu mente empieza inmediatamente a trabajar y a pensar: «Yo haría esto.» «Yo haría lo otro.» «He tenido la oportunidad de trabajar con atletas que han ganado medallas de oro en México y también en otras partes del mundo.» Y eso te deja un muy buen sabor de boca.
Después termina mi contrato. Decidí no renovar con FC Juárez y regresé a Zacatecas porque estaba interesada en hacer un doctorado. Quería un doctorado que no fuera tan técnico. Sentía que eso ya no me lo iba a dar, por ejemplo, la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Tal vez me equivoqué. Tal vez fue una decisión equivocada. Eso nunca lo sabremos.
Pero actualmente estoy por terminar el Doctorado en Estudios Contemporáneos de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Si todo sale bien, concluyo en diciembre.
Mi tema de investigación es «Identidad y significado de la mujer futbolista en México». Pero la tesis no solamente aborda a las futbolistas. También incluye a árbitras, directoras deportivas, preparadoras físicas, entrenadoras de porteras… En realidad analiza quiénes conforman el cuerpo técnico que existe detrás de la Liga MX. Incluso tengo entrevistas con periodistas. Es decir, intento cubrir buena parte de todo lo que hay detrás del futbol femenil en México.
En ese sentido tuve la fortuna de estar en el Club Pachuca. Entrevisté a las jugadoras y también impartí una charla. Y, para mi fortuna —siempre se lo voy a agradecer; de hecho, mi mamá me acompañó—, Charlin Corral me dijo:
—Yo participo en tu tesis. En tu investigación.
Y a partir de ahí se dio un efecto dominó.
Una jugadora decía:
—Yo también.
Y otra:
—Yo también.
Y así se fueron sumando más jugadoras y otros personajes del deporte.
Personas que, sinceramente, yo no imaginaba que fueran a tener esa disposición para participar.
Afortunadamente hoy tengo esas entrevistas.
Tengo la entrevista con Andrea Rodebaugh, directora de Selecciones Nacionales Femeniles; con Charlin Corral, Kenti Robles, Carla Nieto, Desiree Monsiváis y Genoveva Garza.
Con estas últimas, además, coincidí en la Escuela Nacional de Directores Técnicos, así que el vínculo era un poco más cercano.
Quizá por esa amistad se sintieron con mayor confianza para hablar conmigo de una manera mucho más íntima.
Me compartieron sus inquietudes. Sus preocupaciones. Y, al final de cuentas, todo lo que han tenido que vivir dentro del futbol. Porque no todo es lo que aparece en la televisión.
EM: Como lo que nos contabas el otro día de los uniformes masculinos para la Selección Femenil.
Que fue una lucha de casi diez años para que finalmente las jugadoras tuvieran uniformes adecuados para ellas.
SRC: Correcto. El avance de la Liga MX Femenil ha sido enorme. Ahora las niñas sí pueden aspirar a ser futbolistas. Ahora sí pueden ser preparadoras físicas. Entrenadoras de porteras. Directoras técnicas. Ahora ya pueden serlo.
Pero la pregunta es: ¿Cómo van a lograrlo si no tenemos infraestructura? Si no tenemos uniformes. Si no tenemos espacios adecuados.
La mayoría de los equipos de la Liga MX Femenil comenzaron entrenando a las cinco o seis de la mañana. Muchas jugadoras no tenían recursos económicos. Vivían a dos o tres horas de distancia de las instalaciones.
Y, probablemente, muchas canchas ni siquiera tenían baños.
Poco a poco los clubes comenzaron a decir:
—Bueno, vamos a darles esto. Vamos a empezar por aquí.
Pero las jugadoras estaban prácticamente empezando desde cero.
EM: Incluso hubo que cambiar toda la infraestructura de las canchas.
SCR: Prácticamente. Bueno, más que cambiarla, mejorarla. Porque sí existían espacios deportivos, pero no estaban adecuados. Y eso también ocurría con los equipos varoniles. Todos necesitamos un lugar para bañarnos. Todos necesitamos un espacio para cambiarnos o simplemente para ir al baño. Y muchas veces ni siquiera los hombres tenían esas condiciones.
Era como:
—Pues arréglense como puedan.
Y dices:
—Oye, soy deportista.
Entonces, ¿qué sucedía? Que estaba el primer equipo. Luego Segunda División. Después Tercera. Cuarta. Y así sucesivamente… Y hasta abajo estaban las mujeres. Desde ahí ya ocupábamos el último escalón. Lo que los demás equipos ya no querían, se lo pasaban al femenil. Entonces comenzó un cambio de mentalidad.
Se dijo:
—No.
Nos vamos a separar y vamos a empezar desde cero.
Mientras tanto, muchos periodistas y medios de comunicación decían:
—Es que no hay técnica.
Claro que no iba a haber técnica. La liga apenas tenía unos meses de existir. El futbol en México llevaba más de cien años y apenas en ese momento les estaban dando la oportunidad a las mujeres. Desde luego que iba a haber carencias físicas. Era completamente normal.
¿Qué empezó a pasar? Los clubes comenzaron a invertir en entrenadoras y entrenadores especializados en futbol femenil. Personas que tuvieran una metodología adecuada para enseñar a mujeres, porque sí es diferente entrenar a hombres que entrenar a mujeres. Es completamente diferente.
Los fundamentos básicos son los mismos: pase, recepción, tiro, conducción… Pero estamos hablando de un cuerpo completamente distinto.
Ahí radica una de las principales diferencias entre el futbol femenil y el varonil. Sí, jugamos en la misma cancha, pero tenemos necesidades diferentes. Aprendemos de manera distinta. Y, sobre todo, vivimos procesos de iniciación completamente diferentes.
A la mayoría de los niños les regalan un balón prácticamente desde que nacen. En cambio, a muchas niñas ni siquiera las dejan salir a jugar al parque. Cuando llegan a la adolescencia comienzan apenas a descubrir ese deporte. Después entran a la escuela y reciben educación física. Ahí depende mucho de qué tipo de docentes tengan. Si cuentan con una buena formación, al menos desarrollarán habilidades básicas como coordinar movimientos, brincar, caer, correr o desplazarse.
De esa manera, cuando llegan a un equipo de futbol, por lo menos ya dominan su cuerpo y el espacio. Eso es precisamente lo que muchas veces hace falta en el futbol femenil. Por eso ahora muchas escuelas están implementando metodologías mucho más integrales, que realmente respondan a las necesidades de las jugadoras.
Y como ya vieron que sí hay dinero, que sí puede ser rentable, la Liga MX Femenil hoy es una de las más importantes, por decirlo de alguna manera.
Me ha tocado platicar con jugadoras extranjeras que aspiran a venir a jugar a México. Eso habla muy bien de la liga. Porque al final uno de los grandes objetivos del deporte profesional, visto desde las federaciones, es que sea rentable.
EM: Exactamente, que sea rentable.
SRC: Exactamente. Ahora, ¿cuál sería una postura ideal? Que el desarrollo deportivo en México comenzara de manera similar para todas las disciplinas. Que hubiera una inversión mucho más equitativa. Claro que el futbol tiene la ventaja de ser un deporte más rentable y de generar mucho dinero. Pero eso no significa que debamos abandonar los demás deportes. Todos complementan la formación física de niñas y niños. Eso es justamente lo que hacen otros países.
Además, allá muchas de esas actividades son gratuitas. Aquí el deporte es caro.
Entonces comenzamos desde condiciones muy desiguales en comparación con otros países. Y probablemente eso ha impedido que se exprese todo el talento que existe en México. Porque talento hay. Trabajo también.
Ahí está, por ejemplo, Isaac del Toro, ahorita en el Tour de Francia. Pero hay muchísimos casos más.
Y uno se pregunta: ¿Cómo puede haber presupuestos tan altos para ciertas selecciones o disciplinas y no existir un desarrollo más equilibrado para toda la organización deportiva?
Bueno… Ese ya sería tema para otra entrevista. Pero, de manera muy general, mi vida ha transcurrido entre el deporte. No solamente el futbol. Aunque hoy el futbol es, definitivamente, lo que soy.
EM: Hablando de cuando estabas en los Emiratos Árabes, mencionabas que, bueno, uno como mexicano, o las chicas mexicanas, están un poco más acostumbradas a tener menos pudor, por decirlo de alguna manera, o a ser más flexibles con el tema de la ropa.
También comentabas que fue hasta el vestidor cuando conociste el cabello, las piernas y otras partes del cuerpo de las jugadoras.
A lo mejor para ti, como mexicana, eso no representa un problema. Yo, por ejemplo, jugué futbol durante mucho tiempo cuando era joven, entonces estoy acostumbrado a cambiarme frente a otras personas.
Ellas, en cambio, ¿cómo vivían ese choque? Aunque fueran puras mujeres, ¿tenían la confianza para cambiarse delante de las demás? ¿En los Emiratos Árabes existía esa especie de vergüenza, porque nunca se habían visto entre ellas y no estaban acostumbradas a reconocer sus propios cuerpos?
SCR: Claro. Más que vergüenza, yo no creo que ese fuera realmente el factor. Creo que era la cultura, que les prohíbe mostrar partes de su cuerpo. Entonces, por más seguras que fueran de sí mismas, no era parte de su cotidianidad compartir ese espacio con otras mujeres.
Nosotras llegábamos al vestidor, las saludábamos, platicábamos un poco… como saliera, porque yo no hablo árabe. Después yo las dejaba un rato solas. ¿Por qué? Porque quería que tuvieran ese momento de intimidad.
Que ellas mismas se permitieran convivir y compartir ese espacio entre mujeres.
¿Qué observé? Que muchas ya llegaban cambiadas desde su casa. Otras esperaban hasta que hubiera un baño desocupado para cambiarse. Había varios baños, pero aun así esperaban. Muchas se cambiaban por partes. Primero una prenda. Luego otra. Después otra.
Yo creo que eso forma parte de toda una estructura familiar, institucional y escolar que no les permite compartir su cuerpo con otras personas.Sin embargo, yo siempre les decía a mis jugadoras —y también lo comentaba con los papás y las mamás—:
«Dentro de mi cancha mando yo.
Estas son mis reglas.
Fuera de la cancha, adelante.
No son mis hijas.
No son mis jugadoras.»
Cuando asumes ese papel, no tanto de autoridad sino de generar un espacio de libertad, las jugadoras empiezan a desarrollar una cultura deportiva distinta.
Empiezan a darse cuenta de que les permites cosas tan sencillas como saludarse de mano, abrazarse o convivir.
Porque tú revisas muchos reglamentos de espacios deportivos allá y prácticamente todo son prohibiciones.
«No hacer esto.»
«No hacer aquello.»
«No saludarse.»
Los «no» predominan.
Recuerdo que estuve en las instalaciones de la FIFA de los Emiratos Árabes Unidos y había toda una columna llena de imágenes con prohibiciones.
Eso te hace pensar que ese «no» ya forma parte de la manera en que muchas niñas entienden el mundo.
Además de ser mujeres, cargan con una serie de restricciones sobre lo que pueden hacer en la esfera social y en la esfera pública.
En México la esfera privada se vive de otra manera. Conforme avanzó la temporada, ellas comenzaron a conocer mejor su propio cuerpo y también el de sus compañeras. Ya para el final, solamente dos o tres seguían cambiándose dentro del baño.
Las demás poco a poco fueron ganando confianza y libertad. Yo siempre les decía:
«Nadie está aquí para burlarse de nadie. Ni por la ropa. Ni por el cuerpo. Ni por la forma de los dedos. Ni por los ojos. Ni por nada. Y la primera persona que rompa esa regla, se va del equipo.»
Nunca fue necesario aplicar esa medida. Afortunadamente se construyó un vínculo muy bonito. Muy cercano con todas las jugadoras. Tanto que, cuando yo regresé a México, varias de ellas siguieron siendo amigas. Se habían conocido ahí y después comenzaron a coincidir en otros clubes. Poco a poco empezó a construirse una cultura deportiva distinta.
Ellas ya eran mamás. Recuerdo mucho a una jugadora joven, que estaba casada, tenía una hija y, además, le encantaba el futbol. Era muy buena. Tenía una capacidad técnica muy importante.
Quizá todavía le faltaba lectura de juego, porque nunca había tenido la oportunidad de practicar en espacios grandes y eso se trabaja con el tiempo.
Entonces llegaba con su niña y me decía:
—Coach, ¿qué hago?
O vengo con la niña porque nadie me la puede cuidar.
Entonces yo daba las indicaciones como podía, cargando a la niña en brazos.
Me iba de un lado para otro con ella mientras seguía dirigiendo el entrenamiento.
Hay varios videos donde aparezco cargando a la niña.
Son cosas que ellas veían y decían:
—¿Quién va a hacer esto por mí en otro equipo?
Y, hasta cierto punto, tenían razón. No es fácil encontrar a alguien que cuide a tu hijo mientras entrenas. Y menos cuando toda tu familia está en otra parte del mundo. Entonces sí, me tocó cuidar niños y niñas. Por eso les digo que me tocó hacer de todo.
Me tocó pasar por las jugadoras para llevarlas a entrenar. Me tocó cuidar a sus hijos. Me tocó acompañarlas en muchas situaciones que iban mucho más allá del futbol. Al final haces muchas cosas con tal de que ellas puedan salir adelante como futbolistas. Y, sinceramente, eso me gusta. Me gusta hacer eso.





































