A la monstruo espacial que, en su otredad, decidió quedarse.
ENRIQUE GARRIDO
Qué difícil es enamorarse: amar y odiar; el “vete, pero no me dejes”. Sin duda, el amor es el vínculo más fuerte entre dos personas, y no es sencillo, incluso puede resultar doloroso. Para Octavio Paz “amar es combatir”, el no rendirse, sino exponerse, entrar en una batalla donde uno se transforma. Por su parte, Erich Fromm señala que no es un sentimiento pasivo, sino un arte que requiere disciplina, responsabilidad y conocimiento. Jaime Sabines dice que se vive desde el deseo y la vulnerabilidad, pues “los amorosos callan. El amor es el silencio más fino”.
El concepto del amor ha ido construyéndose a lo largo de siglos de cultura. José Antonio Marina y Javier Rambaud en Biografía de la humanidad plantean que, frente a todas las especies, el humano pudo satisfacer sus necesidades básicas muy rápido, pero, por evolución tuvo que inventar otras. En otras palabras, en el mundo animal se mueren de hambre y frío, sin embargo, nosotros… bueno, Fobia lo dice muy bien en El crucifijo: “Es que hemos muerto de amor, pero el amor nunca muere”.
Otra de las características del vínculo amoroso es el riesgo existente en el choque de dos otredades, dos potencias deseantes. Y es allí donde se ha ido complicando en estos últimos tiempos. Como la poesía, el amor no es productivo, quita el tiempo. Basta ver a los gurús del coaching y los negocios, ninguno te invita a amar, sino a programar tu día. No pierdas el tiempo pensando en el otro, mejor ve al gimnasio, invierte y levántate a las 5 de la mañana.
Esto se puede ver en las aplicaciones de citas, donde los usuarios suben una especie de CV, con logros y metas, buscando que el algoritmo les asigne la pareja más compatible, imaginando que eso disminuye el riesgo al estar con alguien que finge igual, sin conflicto con el otro, con sus necesidades, sólo reflejo y narcisismo. Como apunta Byung-Chul Han en La agonía del eros, en tiempos de narcisismo digital evitamos el riesgo del amor real porque amar supone enfrentar al otro en su diferencia radical, no en su semejanza.
Naief Yehya en Mundo dron cuenta que la empresa de neuromarketing MindSign realizó un revelador estudio con ocho mujeres y ocho hombres de dieciocho a veinticinco años, usuarios de iPhones, en el cual se demostró que su uso no provoca señales típicas de adicción, sino las mismas reacciones que despierta una relación afectiva profunda; es decir, los dispositivos desplazando al otro como objeto amoroso. Por otro lado, de acuerdo con El Financiero, del 2018 al 2020, los mexicanos le preguntaron más de 200 mil veces a Alexa si “quería ser su novia”, además, le dijeron que la aman más de un millón de veces. Lo mismo pasa con el ChatGPT, que se ha convertido en confidente y compañía de un sinnúmero de personas. Como en la película Her, ya no buscamos compañía, sino obediencia emocional, lo cual convierte al amor en una relación mercantil, pues es amar a alguien que no es libre de dejarte, ya que pagas una suscripción.
Amar es en libertad, de uno y del otro, dado que una de las pruebas más grandes de amor es cuando me puedo ir, pero decidí quedarme. Además, es humilde reconocernos incompletos en un mundo donde se promueve el nihilismo y la fragmentación del ser, el producir y consumir. El amor es utópico, imaginar mundos posibles, es resistencia y revolución, no evasión, es arriesgarse a saltar al abismo donde el yo se pone en juego para alcanzar una forma más plena de existencia.
Me gustó el escrito :))
Saludos y sigan así 🫰🏼