Para mis ahijados y alumnos artistas
JULIÁN HUGO GUAJARDO ESPARZA
A diferencia de un médico, cuyo diagnóstico puede ser la diferencia entre una enfermedad mal tratada y, por ende, entre la vida o la muerte de su paciente… o de un ingeniero, cuyos malos cálculos provoquen la caída de un edificio… o un abogado, cuya ineficacia cueste a su cliente la cárcel de por vida, que yo sepa no ha habido registro de que una obra artística haya provocado la muerte de alguien a causa de la fealdad en su tema o en su factura.
El propósito del arte puede ser crear belleza, conciencia, o plasmar representaciones reales o fantásticas y es el exquisito producto de la imaginación de los artistas, esos seres humanos poseedores de una sensibilidad especial y de recursos técnicos logrados tras muchas horas de práctica, que les permite recibir un gran número de emociones e ideas ahí donde el humano normal no ve nada, para plasmarla en un lienzo, roca, partitura, u hoja de papel.
Nos ha tocado en turno vivir tiempos en el que el Absurdo como concepto reina en las noticias: A nivel mundial vemos cómo se desarrollan impunemente genocidios que cobran diariamente la vida de cientos de civiles inocentes –infantes, adultos y ancianos por igual–, de los médicos y voluntarios que podrían salvarles la vida, y de quienes intentan denunciar estas atrocidades; hemos sido testigos también de crisis sanitarias mundiales que han dejado su huella regando enfermedad y muerte durante su desarrollo, y más allá de su término depresión, ansiedad, y pérdida de habilidades sociales que nos ayudarían a relacionarnos y desempeñarnos socialmente.
En una escala menor, no hace falta recordar el lamentable estado de incertidumbre que provoca en los mexicanos la inseguridad, consecuencia directa de un sistema económico inequitativo e injusto que olvida la persecución del bien común a cambio de favorecer a una minoría cada vez más ávida de poder y riqueza. Entonces, ¿cuál es el papel de los artistas ante tal estado de cosas? ¿Deberían dejar que la desesperanza los atrape, o hay alternativas que sólo el quehacer artístico puede solventar? ¿Cómo controlar a un genio que puede ser a la vez musa o verdugo de su propia creatividad?
Con frecuencia les digo a mis alumnos de la licenciatura en Artes que el trabajo artístico tiene la bondad de permitirle al artista expresar todo tipo de emoción: El arte sana, el arte enseña, comunica, sensibiliza… el arte despierta conciencias, emociones, deseos; quien está triste enojado, frustrado o indignado, se desahoga creando; quien está feliz, enamorado o intoxicado por una pasión, es mediante el arte que puede enamorar a otros; con el arte, la rabia, la ansiedad y el miedo florecen de la misma manera que la ternura, la belleza, el amor o la tranquilidad.
El arte es, a final de cuentas, la única herramienta que tenemos los humanos para luchar contra la barbarie, y a favor de la belleza y el amor fraternal entre todas las personas del mundo; un lenguaje universal que cumple su cometido sin la posibilidad de quitarle la vida a nadie.
El arte, expresión humana tan ignorada por la masa y tan necesaria para la humanidad..