VÍCTOR RODARTE
¡México es campeón! Una idea que parecía poco posible hace unos días, cualquiera con 3 dedos de frente se daba cuenta de que las posibilidades eran bajas, 2% decían los matemáticos. Pero las cosas cambian, el azar se mueve y todo se tuerce, en especial lo que comenzó hace como 15 días. Sabemos que este país es hermoso y lo merecía. Lo que no merecíamos es pasar por esta calamidad que quiero recapitularte.
Ese domingo en que le ganamos a Inglaterra 2 a 1, la cosa era preciosa, festejamos de lo lindo. Nos fuimos a dormir contentos, regocijantes. Aunque el lunes cuando despertamos y nos quedamos sin el dedo pulgar de la mano, fue cuando todo México elevó la plegaria al cielo, pero lo dejamos pasar, porque hay sacrificios que bien que mal, deben aceptarse como lo que son: una señal divina. No tardaron los científicos en confirmar que el fenómeno era causado por una mezcla de factores específicos: haber comido maíz cocido y molido (tortillas), la ingesta de algún fruto de las solanáceas (chile) y haber visto el logo psicodélico de la FIFA — tenía algo su estructura de líneas y colores que, en vez de provocar epilepsia o mareo, alteraba la genética humana —. Cuando se supo ya era tarde, muchos estábamos condenados. En tiempo récord aceptamos la nueva realidad.
Remplazamos la sujeción del dedo faltante con la base de la palma. De alguna manera, descubrimos que la mano es más larga de lo que estábamos acostumbrados. Para el 11 de julio que jugamos contra Brasil, ya teníamos resuelto el problema de levantar cervezas sin echar de menos al quinto dedo, consolidamos una pericia soberbia que se reflejó en la cancha. Ese 1 a 0 fue el entrenamiento perfecto para llegar con todo ante el albiceleste el 15 de julio, para entonces ya había pocos hombres con cabello, la epidemia de calvicie se puso intensa, casi se posterga el partido por el problema de aguas negras; es de entenderse: nadie nos preparó para ver cómo se nos iba el cabello por la coladera justo un día después de ganarle a los joga bonito. Ahí sí para que veas, echamos de menos el dedo pulgar, no había manera viable para levantar todo el cabello del piso sin nuestro dedito.
Aunque ya habíamos superado lo de la calvicie poniéndonos pelucas de rizos como los de Memo Ochoa, lo que siguió fue una locura. Ver a Messi derrotado en la camilla gritando por su pierna derecha mientras Montes ya iba camino al vestidor nos cimbró a todos, nos dio hasta lástima, pero se nos pasó al día siguiente, 16 de julio y despertamos con la pierna derecha 10cm más pequeña que la izquierda. El chiste se contó solo, sin embargo, estábamos en la final y nadie nos quitaría el gustito… bueno eso creíamos.
Nadie olvidará ese domingo 19 de julio, cuando en la final nos enfrentamos a Portugal, Cristiano se veía omnipotente, después de dejar a los franceses en el camino recibiendo la humillación de tres goles, no había nada que contuviera al CR7, solo nuestro bastión tricolor que estaba dispuesto a todo, lo único que desentonaba era el cubrebocas que la Federación les obligó a portar a los 11 en la cancha, el profe Aguirre ni se levantó de su silla, al fin de todo, no podía gritar. Fueron 96 minutos con el alma en un hilo y el marcador en ceros, pero con ese pase que le pusieron al niño Mora y el zurdazo que le atravesó al balón llevándolo hasta el fondo de la red, dándonos por primera vez una copa del mundo, no tiene nombre. Incluso aunque el grito de ¡Gol! haya sido más un alarido gutural, pues para ese día aún no nos habíamos acostumbrado al aumento repentino de 7 centímetros de lengua.
Genial, si México ganara, no me importaría estar calvo y lengüdo